viernes, 19 agosto 2022

El desafío de la nueva década: un progreso con más humanismo. Jorge Dobner

Este fin de año no es uno cualquiera, pues supone al mismo tiempo el cierre de un ciclo y el inicio de la segunda década de este siglo XXI. No faltan predicciones sobre el devenir de estos próximos años.

En líneas generales los expertos coinciden en que nos encontramos en una coyuntura decisiva que se enmarca en cambios estructurales de calado, por la profunda revisión de los sistemas políticos, económicos, sociales y tecnológicos.

Si los seres humanos hemos logrado evolucionar como civilización es por este cuestionamiento permanente; porque nos atrevimos a explorar nuestro entorno en los confines de lo desconocido y a poner en marcha ideas innovadoras a todos los niveles.
Cuando ya parecía que lo habíamos conseguido todo, el agotamiento del sistema nos obliga otra vez a cambiar de planes.

Hay sobrados indicios de agotamiento en la actual fase del capitalismo, cuando ha llegado a sus propios límites de capacidad para adaptarse.

Nadie dijo que fuera fácil pero se vuelve imprescindible: para la preservación de la Tierra, el progreso de la raza humana y el avance hacia una nueva civilización que ejemplifique la grandeza de nuestro espíritu.
En estos momentos se cumplen todas las premisas para “la ecuación del cambio”; por la insatisfacción que genera el status quo en la sociedad, la necesidad de una visión del futuro deseado y un camino trazado para vencer la resistencia inicial.

A pesar de la natural incertidumbre tenemos la suerte de contar como nunca antes con los recursos, herramientas precisas y capital humano para hacerlo posible.

Parafraseando al visionario Peter Diamandis “quizá el progreso enorme realizado en el último siglo por una serie de fuerzas está acelerándose de tal forma que tenemos el potencial de crear un mundo de abundancia en las próximas tres décadas”.

No hemos salido de la cuarta revolución industrial cuando ya estamos hablando de la quinta. El futuro de la tecnología pasa a través del concepto de “Singularidad Tecnológica”.
Esta singularidad se desarrolla bajo la Ley de Moore por la cual los avances que están por llegar se multiplican de manera exponencial, cada vez más sofisticados y económicos.
También por el concepto de trasladar la consciencia humana a una máquina. Ya existen dos grandes proyectos centrados en la investigación intensiva del cerebro: El Human Brain Project (UE) y el proyecto BRAIN (USA).
Además, según la opinión de expertos, esta nueva revolución – a diferencia de la cuarta – puede ser más garantista y ofrecerá “la oportunidad de ser más humanos que nunca”.
Este es un punto importante pues la modernidad no siempre se ha visto con buenos ojos, especialmente cuando en algunos sectores pueden percibir la tecnología como una amenaza bajo un clima de creciente desigualdad.

A este respecto el profesor en Harvard, Steven Pinker, llama a integrar este paradigma tecnológico conjunto a una nueva ilustración, puesto que “el progreso sin humanismo no es progreso”.

Las instituciones tienen una enorme responsabilidad a la hora de interpretar estos cambios y adaptar las políticas para fomentar la productividad, pero también la equidad y la justicia social.

Por lo pronto la movilización ciudadana está resultando un efectivo resorte para vislumbrar nuevos cambios. Mientras que el protagonismo de muchos gurús y expertos reformistas – como algunos de los antes citados – sirven de inspiración con propuestas exigentes en arreglo a ese cambio de paradigma.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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