Una renta básica universal como antídoto a la desigualdad

Una renta básica universal como antídoto a la desigualdad

La desigualdad social es uno de los problemas estructurales más importantes. Seguramente uno de los datos más representativos de esta realidad es que el 1 % de la población mundial acapara el 82% de la riqueza.

No es casualidad que otra vez los premios Nobel de Economía de este año se han destinado a tres economistas (Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer) que comparten su preocupación por la pobreza como tema de estudio.

Hace cuatro años el premiado fue el economista británico Angus Deaton por su larga trayectoria de contribución al análisis del consumo, la pobreza y el bienestar.

Precisamente una de las medidas más nombradas en aras de la erradicación de la desigualdad es la renta básica universal. Una medida que tiene sus partidarios y sus detractores en función de la ideología, pero incluso con disparidad de opiniones entre un mismo departamento ideológico.

No hace tanto se pensaba que la posibilidad de una renta básica universal se pensaba como algo utópico, sin embargo distintos proyectos pilotos en el mundo demuestran que tiene caminos para implantarse de forma efectiva.

El economista francés, Thomas Piketty, ​especialista en desigualdad económica y distribución de la renta, autor del bestseller “El Capital en el siglo XXI”, fue uno de los primeros en promulgar una renta mínima.

En el caso de España, el socialista Jordi Sevilla, junto a una docena de expertos, presentaron un informe “Reforzar el bienestar social”, en el que se proponían “una renta básica universal ligada al IRPF”.

“Hoy una persona puede trabajar y no tener garantizado el mínimo vital. Estas nuevas formas de pobreza van a hacer que el debate sobre la renta básica vaya a ser cada vez más intenso. Solo así se explica que los tres últimos Nobel de Economía se ocuparan de estos asuntos”, asegura  Sevilla.

En algunos países se ha pasado de la teoría a la práctica para comprobar su viabilidad y analizar resultados.

Finlandia lanzó un proyecto pionero de dos años, que se interrumpió antes de lo esperado, pero que ha servido para sacar conclusiones. En el caso nórdico se acotó a 2.000 desempleados con una renta de 560 euros mensuales.

El tener un sueldo garantizado no les hizo dejar de buscar trabajo, como criticaban los detractores de la renta básica; pero también es cierto que no se cumplió la expectativa de los impulsores de la iniciativa, que confiaban en que al liberar a los desempleados del papeleo necesario para cobrar los subsidios, estos adoptarían una actitud más activa en la búsqueda de empleo.

Como aspectos más positivos mejoró la salud de los beneficiarios, su autoestima y optimismo.

En EE.UU uno de los candidatos a las primarias demócratas, Andrew Yang, ha sorprendido con una medida que él llama Dividendo de la Libertad, dotado de unos 1.000 dólares mensuales para todos los estadounidenses mayores de 18 años. Esta propuesta serviría para contrarrestar la destrucción de empleo hasta ajustar eficientemente la transición de cambio tecnológico.

Cabe recordar que el presidente Richard Nixon ya coqueteó en 1969 con un impuesto negativo sobre la renta con similitudes a la actual la renta básica. Es decir, el presidente republicano consideró un pago directo del Gobierno a todos los estadounidenses que no alcanzaran un mínimo de ingresos.

En Kenia la ONG GiveDirectly, con financiación de Google o de un cofundador de Facebook, ha puesto en marcha una iniciativa experimental. 5.000 personas en distintas comunidades rurales de Kenia, a las que pagará 2.280 chelines mensuales (unos 20 euros) durante 12 años.

En total, el número de beneficiarios de este programa supera los 20.000. En los trabajos científicos preliminares se demuestra que no solo beneficia a quien lo recibió, sino a toda la comunidad.

El último ejemplo es el de Brasil. Una comunidad de 150.000 habitantes la experiencia a punto de implantarse en Maricá, una localidad cercana a Rio de Janeiro en la que unos 52.000 habitantes recibirán a partir de este año 130 reales mensuales (28 euros).

La novedad es que el pago se hará a través de mumbucas, una moneda electrónica creada hace seis años que solo puede usarse en el municipio. Aquí, la renta básica tendrá un efecto de muy amplio espectro.

Por los distintos casos que estamos viendo en el mundo los gobiernos están percibiendo que es necesario algún tipo de renta mínima o complemento salarial. Si bien es cierto que es todavía necesario optimizar la propuesta para que cumpla con las expectativas.

Redacción
En Positivo

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