Una nueva democracia para la nueva era digital. Jorge Dobner

Una nueva democracia para la nueva era digital. Jorge Dobner

Durante el siglo XX se produjeron hechos históricos decisivos que impulsaron como forma de gobierno a las democracias occidentales en el mundo. La consecución del sufragio universal, el avance en derechos civiles de las minorías oprimidas o el Estado de bienestar como nuevo contrato social.

Esto se produjo gracias a la conciliación de posturas reformistas que aglutinaban elementos hasta entonces dispares como el intervencionismo estatal, mercado y democracia.

De esta forma el Estado incrementaba su intervención en el desarrollo social con el fin de reducir las desigualdades (el empleo, la pobreza…) que amenazaban convertirse en problemas crónicos, pero al mismo tiempo se conservaban los principios liberales esenciales respecto al ser del individuo y la libre empresa.

Durante décadas las transformaciones emprendidas sirvieron para solidificar un contexto de prosperidad, pero pasado el tiempo todos los indicios indican que quedaron obsoletas.

Las revueltas que se viven en muchos puntos del mundo es la explosión de hartazgo de los que legitimaron esas democracias y de las nuevas generaciones que no encuentran respuestas a sus necesidades.

Por dejación o ineptitud muchos denuncian que en circunstancias difíciles los gobiernos no se atreven a tomar decisiones. La tecnocracia como resultado de la carencia de ejecutivo que delega la gestión de lo público en altos funcionarios del estado.

Las protestas están sirviendo como catarsis de las democracias para afrontar las nuevas reformas dentro de un nuevo contrato social. En apenas veinte años las sociedades han cambiado de forma vertiginosa y es  condicionada por la reestructuración de la Cuarta Revolución Industrial.

Las democracias están necesitadas de recuperar el sentido de las funciones que han garantizado su supervivencia. La de representación, para expresar expresen los intereses y los problemas de los diferentes grupos sociales; la legitimación de las instituciones políticas y los gobiernos, para controlar a los representantes y garantizar que cumplan sus compromisos y lleven a cabo sus programas; de producción de ciudadanía, para caminar hacia una sociedad de igualdad de oportunidades.

En caso contrario los populismos encuentran un vacío de poder para calar su narrativa simple pero efectista.

Se abre un nuevo periodo previsible de muchas transformaciones, los movimientos que se están dando así lo demuestran.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, llama a sus opositores  para lograr tres acuerdos por la paz, la justicia social y la creación de una nueva Constitución.

En España se ha firmado un pre acuerdo para un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos, presidido por Pedro Sánchez. En el mismo se habla de “consolidar el crecimiento” y también de “combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad”. También recoge la protección de los servicios públicos, “especialmente la educación”, el “blindaje” y la “revalorización de las pensiones conforme al coste de la vida” y el diálogo “dentro de la Constitución” para resolver la crisis territorial.

En este caso los cambios que se aborden también pueden implicar importantes reformas en la Constitución del 78 para actualizarse a las exigencias que reclama la ciudadanía.

A diferencia de otras modificaciones menores que se han hecho tres veces de en la Carta Magna, las reestructuraciones que ahora se requieren deberían contar con la participación de la sociedad civil, antes, durante y después.

La experiencia debe servir para no repetir errores y abrir un nuevo periodo en que se necesitara sumar muchas voluntades para que ese nuevo y necesario contrato social sea satisfactoria por una inmensa mayoría.

Jorge Dobner
Editor
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