Adiós a los populismos y extremismos. Jorge Dobner

Adiós a los populismos y extremismos. Jorge Dobner

La canción italiana «Bella ciao» (Adiós, bella, en español) ha vuelto por la famosa y premiada serie “La casa de papel”. Pero no todos conocerán la intrahistoria de este himno de la resistencia antifascista que fue utilizado por los partisanos italianos entre 1943 y 1945, que formaban parte de la Resistencia italiana contra las fuerzas alemanas nazis que ocupaban Italia, y la lucha partidista contra la República Social Italiana fascista de Benito Mussolini.
Tal es la popularidad de esta contagiosa canción que cada quien la adapta a sus propios intereses. Lo que queda claro es que el mensaje de «Bella ciao» sigue vigente y se puede extender como protesta a todo tipo de extremismos.

Hace aproximadamente unos cuatro años los analistas políticos advertían de una nueva escalada de las fuerzas populistas mal entendidas y partidos ultra. Este contexto, en parte confirmado, parecía resucitar los fantasmas del pasado con Europa como centro de operaciones, pero también amplificado a otros países de primer orden en el mundo.

Durante este tiempo los rotativos The Times y The New York Times incluso han hablado de un clima prebélico igual que en 1930. Por algo, ciertos acontecimientos han ayudado a alimentar estas tesis y revivir temores que parecían olvidados.

El ascenso de Donald Trump como presidente de EE.UU, de Jair Bolsonaro en Brasil, la mala praxis de los regímenes de Irán, la Venezuela de Maduro, de Kim Jong-un en Corea del Norte, las injerencias en democracias europeas de Vladimir Putin por parte de Rusia o las controvertidas decisiones de Recep Tayyip Erdoğan en Turquía.
También la fuerte irrupción de diversos partidos de corte ultranacionalista, populista y/o agit prop (incluso de tintes xenófobos en algunos casos) como la Liga Norte encabezada por Matteo Salvini, Amanecer dorado en Grecia, Alternativa por Alemania, Frente Nacional en Francia ahora rebautizado Agrupación Nacional, Vox en España…y un largo etcétera de partidos ultranacionalistas, populistas y nacionalistas locales a nivel europeo de extrema derecha e izquierda, otrora residuales que iban ganando fuerza para propiciar el desorden mundial.
Según los pronósticos de algunos, la III Guerra Mundial era solo cuestión de tiempo.
Y sin embargo, ni en los momentos más álgidos de tensión se ha desencadenado semejante catástrofe global. Luego, ahora que ya hay síntomas evidentes de retroceso de los populismos y extremismos, es menos probable.

La preocupación de los ciudadanos se centra en estos momentos en problemas como el cambio climático, la precariedad laboral o una clase política muchas veces ineficiente. Pero en cuestión de meses los graves vaticinios políticos se están diluyendo a la misma velocidad que los partidos populistas y extremistas se deshinchan en los resultados electorales.

No cabe duda que esta fiebre ha tenido sus efectos colaterales como puede ser el Brexit en Reino Unido, pero lo que iba a convertirse en un absoluto caos se ha contenido.
Hay mecanismos, estructuras y fuerzas invisibles del orden mundial y estado de derecho que lo que antes podía desembocar en una desgracia a nivel internacional ahora encuentra cortapisas.
Ni tan siquiera los locos pueden dar rienda suelta con tanta facilidad a su locura pues en democracia existen sólidos contrapoderes que limitan sus acciones.
Recientemente en Austria la ultraderecha se desplomaba y ganaba las elecciones el partido conservador liderado por Sebastian Kurz. En Italia Salvini se ha ido la oposición mientras que se ha conformado un nuevo gobierno de coalición más europeísta entre el Partido Demócrata (PD) y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S). En Portugal los partidos ultra y populistas no tienen opción alguna de influir en las inminentes elecciones presidenciales a razón de todos los sondeos. En Grecia Amenecer Dorado es ahora irrelevante.
Y esta es la tónica general de casi todos los países europeos que en sus sondeos refleja un resultado a la baja de estos partidos.
Cabe señalar las últimas elecciones europeas de este año donde los partidos euroescépticos no han alcanzado una minoría suficiente para bloquear las iniciativas de los partidos autodenominados europeístas.

Seguramente, muy a su pesar, Boris Johnson en Reino Unido se verá obligado a retrasar el Brexit, mientras que el ‘impeachment’ pone contra las cuerdas a Donald Trump en EE.UU.

Sin embargo, no hay que confiarse. Debemos seguir alzando la voz frente a las injusticias y movilizando para no dar pasos atrás.
Porque si lo que hace unas décadas pudiera desembocar en una guerra ahora se quedó en un susto es por un activismo ciudadano en la sociedad que nos rodea.

Precisamente estos días está de actualidad la película Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar, sobre el viaje ideológico y ético de Miguel de Unamuno en la España de 1936, de la sublevación militar encabezada por Franco.
Convencido de que la actividad política es una necesidad en cualquier país, el pensador bilbaíno ya mostraba su enojo en el artículo “Los antipoliticistas” de una ciudadanía que se podía declarar apolítica e ignoraba los problemas políticos de la época.

Y si precisamente aquellos que defendieron la democracia lo hicieron en momentos especialmente duros, es la responsabilidad de los ciudadanos mantener su legado como reflejo de una conciencia colectiva avanzada.

Por suerte, analizando el actual contexto no está lejos el tiempo de decir adiós a los populismos y extremismos, pero de conseguirlo será la responsabilidad y éxito de todos. Ojalá para que no vuelvan.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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