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El pilar olvidado de la prosperidad: la comunidad .Antón Costas

El pilar olvidado de la prosperidad: la comunidad .Antón Costas

El tercer pilar de la prosperidad.
El verano invita a hacer aquellas lecturas que a lo largo del año han quedado apiladas en algún lugar de la casa a la espera de encontrar un momento para hacerlo de forma sosegada. En mi caso, una de ellas es un estupendo libro de Raghuram Rajan publicado hace unos meses en Estados Unidos. Es un libro que merece atención, por varios motivos. Por el autor, por el tema que aborda y por las políticas que propone. Pero también porque permite comprender mejor y afrontar alguno de nuestros problemas políticos y cívicos más acuciantes y peligrosos.

Raghuram Rajan es un conocido e influyente profesor de Economía de la Univer­sidad de Chicago, centro que destaca por sus aproximaciones liberales a los problemas económicos y sociales. Fue responsable económico del FMI y, recientemente, gobernador del Banco Central de India del 2013 al 2016. Es, por tanto, un economista familiarizado con la investigación, el asesoramiento y la política económica, tanto de las sociedades desarrolladas como de las emergentes. Es autor de uno de los libros más clarividentes y celebrados sobre las causas de la crisis financiera del 2008, Grietas del sistema: por qué la economía mundial sigue amenazada (2010). En ese ensayo, Rajan sostiene que el sobre­endeudamiento que llevó a la crisis tuvo mucho que ver con la desigualdad que se ha vuelto a instalar en las sociedades desarrolladas.

En su nuevo libro, The third pillar. How markets and the State leave the community behind, Rajan habla de cómo en las últimas tres décadas, coincidiendo con la globalización y el experimento neoliberal en política económica y social, los gobiernos y las élites cosmopolitas (“el hombre de Davos”) pusieron el acento en los mercados y el Estado como pilares de la prosperidad.

Sin embargo, al actuar de esa forma, olvidaron la importancia que tiene la existencia de comunidades sanas y prósperas para el buen funcionamiento de la so­ciedad y la política. El tercer pilar de la ­prosperidad.

Desgraciadamente, demasiado a menudo, los economistas entienden que el campo del análisis económico es sólo el estudio de las relaciones entre mercados y ­Estado para maximizar la eficiencia ­económica, es decir, la producción de bienes y servicios. Pero la eficiencia, por sí sola, no es suficiente.

Hay que mirar también la equidad, es decir, cómo se distribuyen esas mejoras de eficiencia entre el con­junto de la sociedad. Esta miopía, o simple desinterés por la dimensión social de la economía, es muy peligrosa. Uno de sus efectos es la incapacidad para anticipar y comprender las causas del resentimiento social y del populismo político.

Rajan no cae en esta miopía. Tampoco otros economistas. Pero en su caso el interés está en que es una persona que sostiene una aproximación liberal a la economía y a los mercados. Llama la atención sobre el hecho de que aunque estamos rodeados de abundancia, esa prosperidad no llega a todos. Y señala, especialmente, la importancia que han tenido la caída de ingresos y el deterioro de condiciones de vida y de expectativas de las clases medias que viven en pequeñas y medianas comunidades locales y ciudades de Estados Unidos. El populismo político de Donald Trump se entiende bien cuando se toma en consideración lo que ha ocurrido con las clases medias en muchas comunidades locales estadounidenses.

Lo mismo se puede sostener de la aparición del populismo nacionalista en otras sociedades desarrolladas europeas. Incluida la catalana. Es significativo que el populismo independentista haya venido del partido que mejor representaba políticamente a las clases acomodadas catalanas.

Rajan ofrece una alternativa. Consiste en repensar las relaciones entre mercados, Estado y comunidad para lograr un nuevo equilibrio entre esos tres pilares. Como se hizo a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Sugiere políticas para reformar los mercados y el Estado para abrir nuevos espacios de poder y autogobierno a las co­munidades locales. Esta es la gran novedad de sus propuestas.

El antídoto para el populismo nacionalista es, para Rajan, la existencia de comunidades locales sanas y vibrantes, con un fuerte activismo civil que permita construir nacionalismos cívicos e inclusivos.

Sin embargo, Catalunya ofrece un ejemplo de cómo el activismo de una parte de la sociedad civil puede, bajo ciertas circunstancias, conducir a un nacionalismo populista excluyente. Pero, llegado a este punto, mejor dejar esta cuestión para otra ocasión. Hoy lo que me interesaba era poner de manifiesto el pilar olvidado de la prosperidad: la comunidad.

Antón Costas
Publicado en: La Vanguardia

Leer más:

Este grado de desigualdad es inaceptable. Martin Ravallion

 

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