“Tenemos que consumir menos, producir menos”. Stephan Lessenich

“Tenemos que consumir menos, producir menos”. Stephan Lessenich

Existe una corriente de conciencia cada vez más importante que se cuestiona cómo se producen los bienes de consumo.

No en vano hoy conocemos que una amplia gama de productos como el aceite de palma, ampliamente utilizado en margarina, grasa para cocinar, cosméticos y combustibles, se produce principalmente en Malasia e Indonesia, a un costo enorme en términos de deforestación, destrucción de hábitats y pérdida de biodiversidad.

De manera similar, las importaciones de textiles al mundo rico dependen de salarios de subsistencia y condiciones de trabajo inseguras en las fábricas de la India y Bangladesh.

En el último libro de Stephan Lessenich “La sociedad de la externalización” (Herder) denuncia el cinismo de la sociedad en occidente en aras de preservar el propio bienestar a costa de denegárselo a otros.

El argumento de Lessenich, sociólogo y profesor de la Universidad de Múnich, es el siguiente: las sociedades capitalistas no pueden, o hasta ahora no han sobrevivido, sin la existencia de un “exterior” del que pueden extraer tanto el trabajo como los recursos naturales que necesitan para crecer, y en los que pueden externalizar los aspectos sociales y sociales, incluso cuando esto deviene en nefastas consecuencias ambientales.

Los procesos de externalización son numerosos, si bien la proporción de trabajadores en el sector agrícola en Europa, por ejemplo, ha disminuido hasta el punto de que la agricultura es de importancia marginal en términos de empleo, más de 25 millones de hectáreas de tierra se cultivan normalmente en el extranjero para cumplir con los requisitos agroalimentarios de la UE. Es decir que se está subcontratando la agricultura.

Lessenich utiliza este modelo de sociedades desarrolladas como sociedades extractivas, excluyentes y de externalización para proporcionar información sobre nuestro mundo confuso y en conflicto actual. En este punto del desarrollo global, argumenta, ya no hay un “exterior” al que externalizar.

En un mundo de capacidad ambiental limitada y mayor comunicación global, las verdaderas consecuencias del capitalismo de los consumidores están regresando a casa, con mayor fuerza en forma de cambio climático y migración.

Luego este fenómeno está teniendo un efecto boomerang “La externalización está volviendo a Occidente en forma de migraciones y de cambio climático. La gente viene por las enormes diferencias de ingresos o porque ya no puede vivir de la tierra que trabajaba” explica.

Lessenich reconoce que hay cada vez más crítica y ansias por rebelarse, pero que se deben tomar iniciativas conjuntas “ninguna solución será individual. Será colectiva o no será. Colectivamente hemos decidido no ser conscientes de lo que implica nuestro modo de vida y sus consecuencias. Es comprensible que la gente no quiera hacer cambios radicales en su vida, como dejar de utilizar el coche, y por eso de manera avariciosa aceptamos que las cosas sean como son. Pero nuestro estatus solo es posible aquí porque hay otros estatus diferentes en otras partes del mundo”.

Su alternativa sigue el leitmotiv de menos es más, siendo más conscientes al  priorizar la calidad a la cantidad “Tenemos que consumir menos, producir menos; es una cuestión de tener menos”.

Pero esto no pasará si no existe una verdadera democracia de la economía, que para este profesor pasa por reducir el poder de las grandes empresas. “Un cambio que venga desde abajo, de la gente del sur que se organice; y en los países ricos de la mano de gente que no quiera verse obligada a tener que hacer daño a otros para poder vivir” concluye.

Redacción
En Positivo

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