Ahora hay que poner la economía al servicio de la sociedad. Antón Costas

Ahora hay que poner la economía al servicio de la sociedad. Antón Costas

Economía al servicio de la sociedad.
Vivimos tiempos de intensa incertidumbre política. De la mano de dirigentes mesiánicos, el populismo político totalitario se va acercando a las puertas del poder, amenazando la democracia, la sociedad liberal y la convivencia tolerante. Afortunadamente, de momento, su ascenso se ha frenado.

A la vez, estamos en una etapa de for­mación de nuevos gobiernos. En particular, en nuestro caso, en la Unión Europea y en España. Y, espero que pronto, también en Catalunya. ¿Cuáles deberían ser las prioridades de los nuevos gobiernos para frenar ese ascenso?

Buena parte de los ciudadanos compartimos dos grandes prioridades. La primera es frenar y revertir la desigualdad, la pobreza y la depauperación que se ha apoderado de nuestras sociedades.

El resentimiento y la ira que ha traído esta nueva era de desigualdad –incluida la territorial– es la raíz del caos político actual.

La segunda prioridad es el cambio climático y la transición hacia una economía amable con el clima. Es un imperativo categórico. La civilización, tal como la conocemos, depende de esta prioridad. Pero, según como se afronte, las políticas pueden aumentar la desigualdad y el resentimiento social. Miren, por ejemplo, lo que le ha sucedido a Emmanuel Macron con los chalecos amarillos.

Durante las últimas cuatro décadas, los gobiernos han puesto a la sociedad al servicio de la economía. Ahora hay que poner la economía al servicio de la sociedad. De lo contrario, la amenaza populista acabará siendo una realidad.

“No existe la sociedad, sólo existen los individuos”, proclamó ­Margaret Thatcher a finales de los años setenta. Fue el inicio del experimento ­neoliberal. Acompañándolo, vino la nueva era de la desigualdad. El criterio econó­mico desplazó a todos los demás, incluido el compromiso moral con los que se ­quedaban atrás. En las empresas se impuso el “maximizar el valor para el accionista”, en vez de para el conjunto de los stakeholders (empleados, clientes, comunidades).

En las ­políticas, el objetivo único fue la ­eficiencia (el aumento del PIB), desinte­resándose de cómo se repartía. La economía dejó de ­funcionar en beneficio de todos.
La crisis financiera del 2008 fue una señal de aviso. Pero no ha sido suficiente. A continuación, los gobiernos cometieron el “error del 2010”: en vez de poner la prioridad en la sociedad, la pusieron en el equilibrio financiero. La consecuencia fue la austeridad fiscal y el recorte de los gastos en educación y sanidad. Se volvió a cometer el “error Bruning”, el canciller alemán que con su obsesión por la austeridad en medio de la gran crisis social de Alemania en 1931-32 favoreció la llegada al poder de Adolf Hitler. Ahora el “error del 2010” favorece a los nuevos dirigentes mesiánicos.

Las consecuencias de haber puesto la prioridad en el equilibrio financiero han sido demoledoras. Las clases medias se han jibarizado.

La nueva pobreza juvenil im­pide a los jóvenes emanciparse. La obesidad infantil, una de las patologías sociales de la pobreza, afecta ya al 31% de los niños ca­talanes entre 6 y 12 años. Aunque de forma desigual: en el barrio de la Mina es el 24%, en el de Sarrià-Sant Gervasi es el 2,5%. ­Estamos ante una emergencia social.
Algunos gobiernos comienzan a reaccionar. Es el caso de los de Australia y Dinamarca. Han fijado sus prioridades en la reducción de la desigualdad y en el cambio climático. El australiano ha anunciado un presupuesto basado no en el PIB sino en el bienestar social.

Afortunadamente, la incertidumbre política no ha afectado al funcionamiento de la economía. Estamos asistiendo a una expansión sorprendentemente duradera. Los gobiernos tienen que aprovechar esta circunstancia para cambiar las prioridades y poner la economía al servicio de la sociedad. Con tipos de interés próximos a cero o negativos (los inversores pagan para comprar deuda pública), la reducción de la deuda y del déficit no es tan urgente. Es el momento de invertir en educación preescolar universal, en sanidad y en la emancipación de los jóvenes. Sus rendimientos permitirán reducir la deuda y el déficit. Hoy los economistas sabemos que el viejo dilema entre eficiencia y equidad era un falso dilema. Una economía más justa es una economía más eficiente y sostenible.

Escribo en las horas previas al comienzo del debate de investidura de Pedro Sánchez. Imagino que, de salir elegido, la prioridad de su gobierno será mejorar el estado de la sociedad. La tarea crucial hoy no es cómo tener una buena economía. La tarea es cómo tener una buena sociedad.

Antón Costas
Catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona
Publicado en: La Vanguardia

Leer más:

Soluciones para erradicar la desigualdad
Las utopías posibles
Relato y políticas de cambio para frenar el populismo. Yascha Mounk
Economía para la gente. David Korten

 

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