Reforzar el eje cultural Madrid-Barcelona. Miquel Molina

Reforzar el eje cultural Madrid-Barcelona. Miquel Molina

El mapa variable de la cultura.
La constitución de los nuevos ayuntamientos permitió ayer intuir la España política que viene. En Madrid, la derecha escenificó el regreso de las políticas liberales, con alusiones a la bajada de impuestos y a la necesidad de poner la capital “en marcha” (se entiende que impulsando los megaproyectos urbanísticos frenados por Manuela Carmena).

El traspaso de la capital a manos de conservadores y ultras puede leerse como un inesperado coletazo del procés , que ha dado alas al nacionalismo español. Mientras, en Barcelona, la crispación en la calle evidenció que la ciudad va a seguir sometida a las tensiones derivadas del conflicto catalán.

Pero el mapa cultural que emerge de este convulso tránsito electoral tiene otras lecturas posibles, y no todas negativas para la capital catalana. Entre otras consideraciones, una urbe que siempre ha incorporado a su proceso de construcción mental la comparación con otras ciudades no puede ser ajena a la evolución que puede experimentar Madrid.

Madrid vive un momento de esplendor cultural que va más allá de sus poderosas instituciones, en cierto modo primadas por el factor capitalidad. El resurgir madrileño debe mucho a los circuitos alternativos, a la iniciativa privada y , sobre todo, al extraordinario vigor de su consumo cultural. Es improbable que este dinamismo desaparezca de un plumazo por culpa de un giro político. Pero no pueden obviarse el efecto altavoz y la influencia sobre la marca de ciudad que tienen las políticas culturales públicas.

Durante los años en que Madrid estuvo gobernada por el PP de Mariano Rajoy, un talante abierto en lo cultural permitió que instituciones claves del teatro madrileño se sumaran a esa oferta vibrante surgida de la base.

Pero el PP de Pablo Casado, que ha situado a José Luis Martínez-Almeida en la alcaldía, es una versión radicalizada de aquel. Este llega además de la mano de la ultraderecha. Está por ver qué papel asigna a Vox la letra pequeña del acuerdo PP-Cs, pero la influencia de este partido en las políticas del día a día (véase el caso de Andalucía) puede acabar dando pie a titulares devastadores para el prestigio de una ciudad global como Madrid.

Hay uno de The Guardian (“Madrid puede ser la primera ciudad de Europa que desmantela una zona de bajas emisiones”) que ya ha dado la vuelta al mundo.

Por todo ello, la ocasión es propicia para que Barcelona aborde uno de los mayores problemas que le ha causado el conflicto político: la pérdida de prestigio cultural en el resto de España, sólo paliada por la buena prensa que aún tiene en el exterior.

Barcelona se erige desde ayer como un contrapoder progresista frente a un centro derechizado.

Ofrecer este perfil barcelonés abierto y tolerante a los madrileños y a los muchos españoles que no comulgan con la insólita alianza de la derecha clásica y la ultraderecha puede servir para iniciar el largo proceso de recuperación de ese prestigio.

Reclamar con determinación la cocapitalidad cultural que la ciudad ya ejerció siendo alcalde Jordi Hereu sería una manera de articular esa operación que debe resituar a Barcelona como referente de creatividad. Las circunstancias juegan a favor. El PSC de Jaume Collboni, que ya intentó recuperar esas ayudas para los gastos culturales de capitalidad cuando era socio de Ada Colau en el anterior mandato, vuelve a formar parte del ejecutivo, mientras que los comunes, tras la incorporación de Joan Subirats, han mejorado su relación con la cultura respecto a sus decepcionantes inicios.

Hará falta que el gobierno de Pedro Sánchez lo vea del mismo modo y apueste por reforzar ese eje cultural Madrid-Barcelona, sin olvidar a otras ciudades diversas que en los últimos años se han destacado en la apuesta por la creatividad, como Málaga (PP), València (Compromís), Sevilla (PSOE) o Bilbao (PNV).

No tendrá mejor ocasión Sánchez de demostrar que el Estado no tiene por qué ser necesariamente centralista.

Miquel Molina
Publicado en: La Vanguardia

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