Khan es un constructor de puentes progresista. John Carlin

Khan es un constructor de puentes progresista. John Carlin

El presidente y el alcalde.
Vamos de mal en peor aquí en la Pérfida Albión. El próximo primer ministro será un hombre que no cree en nada y su posible sucesor un hombre que cree en demasiado.

Boris Johnson y Jeremy Hunt se diputarán en el próximo mes el liderazgo del Partido Conservador y del gobierno. Johnson es un tipo tan sediento de poder que habría aceptado la capitanía del Titanic no sólo antes sino después de chocar contra el iceberg. Hunt, como dice un columnista del The Times, es un holograma. Le tocas y no hay nada. Ambos se presentan como fervientes brexiteros ante los patriotas del Partido Conservador que pronto decidirán su destino. Ambos se presentarían como fervientes europeístas si eso fuese lo necesario para que les votaran. Como decía Groucho Marx, “estos son mis principios. Si no te gustan, tengo otros”.

Lo mismo no se puede decir de  el líder del Partido Laborista. Pero no es ningún consuelo. Ante la seria posibilidad de que haya elecciones generales dentro de no mucho existe la ridícula posibilidad de que Corbyn acabe siendo líder del país. Más rígido que una estatua soviética, sin una pizca de gracia, su mundo mental es el de la guerra fría. Es tan antiamericano y prorruso hoy como en su juventud en los años setenta. Da igual que estén Nixon, Reagan, Obama, Trump o el Pato Donald en la Casa Blanca: él siempre en contra. Pero cuestionar a Putin o Maduro: jamás. Su dogmatismo se extiende a la Unión Europea. Liberarse del yugo neoliberal, banquero, capitalista, etcétera, de Bruselas es el primer paso que Corbyn considera esencial para poder realizar su sueño de transformar el Reino Unido en la república británica ­bolivariana.

Ante un panorama político tan desolador, ¿hay alguien que inspire algo de confianza? Siempre sale la pregunta en conversaciones entre amigos. Siempre acaba saliendo el mismo nombre.

Lo mejor que hay por aquí es Sadiq Khan. En mayo del 2016, un mes antes del re­feréndum del Brexit, Khan, un musulmán practicante, fue votado al­calde de Londres con una amplia ma­yoría.

Eligió celebrar su investidura en una antigua catedral al lado del Támesis, se ­rodeó de obispos, rabinos e imanes y las primeras palabras de su discurso fueron: “Me llamo Sadiq Khan y soy el alcalde de Londres”. Emotivas palabras de la boca de un hijo de inmigrantes pakis­taníes en la ciudad de Shakespeare, Nelson y Churchill.

Otra buena noticia es que, gracias a Donald Trump, Khan tendría que tener mucha mala suerte para no volver a ser elegido por goleada en las elecciones del 2020. Trump lo detesta. Los londinenses detestamos a Trump. Lo dice casi todo de Khan que Trump lleve tres años identificándole como objeto de su crónica tuitorrea.

Khan es un constructor de puentes progresista, fino y moderado. Y lo dice casi todo del presidente de Estados Unidos que no pierde ninguna oportunidad para atacar al alcalde de Londres.

A través de su rechazo a Khan, Trump delata su infantilismo, su vulgaridad, su racismo, su mezquindad y su desdén por la verdad.

La descarga más reciente fue esta semana. Tal es la obsesión que un par de días antes de lanzar la campaña para su reelección presidencial en Florida, Trump encontró tiempo para retuitear a una periodista inglesa llamada Katie Hopkins, conocida víbora de la extrema derecha, que tras tres muertes por apuñalamiento el viernes y sábado pasado denunció la criminalidad en la “Londonistán de Khan”. O sea, Trump aprobó la islamofobia indisimulada de la tal ­Hopkins, agregando por su parte que Khan era “un desastre”, “una vergüenza nacional que está destruyendo la ciudad de Londres”.

Un portavoz de Khan contestó que el alcalde no iba a “perder el tiempo” respondiendo a Trump, que prefería centrarse en el sufrimiento de las familias de las víctimas. Lo que podría haber señalado Khan es que el índice de asesinatos es once veces mayor en Washington que en Londres, pero si no lo hizo fue, en parte, porque la diferencia entre él y Trump es que no ve la muerte de personas como motivo para demostrar lo grande, lo importante y lo superior que es.

Tal es la manía que Trump le tiene a Khan, que desde que empezó a tuitear contra él hace tres años da la impresión de que cualquier tragedia en las calles de Londres es motivo de celebración. En plan: “Vean. Tengo razón. Es culpa de Khan”.

El feudo empezó cuando Khan denunció la propuesta de Trump en el 2016 de prohibir la entrada a todo musulmán en EE.UU. como “ignorante” y “escandalosa”. Trump nunca se lo perdonó, y cuando hubo un ataque terrorista en Londres en junio del 2017 que se cobró ocho vidas no desperdició la oportunidad de mofarse de él. Tampoco cuando vino en visita oficial a Londres a principios de este mes. Khan acababa de escribir un artículo en el que había dicho que los valores de Londres no eran los valores de Trump. Cuando su avión estaba a punto de aterrizar en la capital británica, Trump lanzó un par de tuits en los que describió a Khan como “un perdedor total” que había hecho “un trabajo terrible”, mencionando de paso (lo que es verdad, pero no deja de demostrar su ­pequeñez) que Khan es bajito. Demostrando una ­extraordinaria elegancia, Khan respondió comparando a Trump con un niño de once años.

La elegancia consistió, como señalaría un columnista del The New York Times, en que la mayoría de los niños de ocho años sabrían comportarse mejor.

“¿Por qué no se mete Trump con los alcaldes de París, Bruselas o Manchester?”, ha preguntado Khan, sabiendo la respuesta: no son musulmanes. Y quizá también porque no son tan políticamente correctos, otra queja que Trump ha lanzado contra Khan. Entre otras cosas, el alcalde de Londres ha denunciado el antisemitismo del Partido Laborista al que pertenece y tiene siempre la banderita multicolor del orgullo gay en la mesa de su despacho, el mismo despacho que ocupó Boris Johnson hasta hace tres años. Veremos cuál es el impacto de la noticia que salió el viernes, basada en una grabación hecha por vecinos, de una ruidosa pelea nocturna entre el dos veces divorciado Johnson y su joven novia. Si, como es habitual en él, sobrevive a la tormenta, todo lo demás indica que dará el salto de alcalde de Londres a primer ministro de Reino Unido. Quizá un día Khan también lo dé. Una de muchas felices diferencias entre los dos es que Khan nunca contará con el apoyo de Trump. Johnson, en cambio, sí. Durante su reciente visita a Londres el payaso de Trump se pronunció a favor del payaso de Johnson. “Es excelente… Es un muy buen tipo”, declaró Trump. “Ha dicho cosas muy positivas de mí”.

John Carlin
Publicado en: El País

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