Hay motivos para estar preocupados por Europa, pero soy optimista sobre el futuro. Ian Kershaw

Hay motivos para estar preocupados por Europa, pero soy optimista sobre el futuro. Ian Kershaw

Ian Kershaw: “Hay que democratizar el proyecto europeo”.
Es uno de los historiadores británicos de referencia. Comenzó interesándose por la Alemania nazi y Hitler y el próximo mes de junio publica Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017: un camino incierto (Crítica, 2019). Con esta obra completa la historia del viejo continente en el siglo XX, iniciada hace tres años con Descenso a los infiernos. Ian Kershaw (Manchester, 1943), que ha analizado en estos dos libros las fuerzas que estuvieron a punto de destruir Europa, considera que la crisis económica de 2008 y la migratoria de 2015 han traído de vuelta a Europa viejos fantasmas y se han puesto en cuestión muchos de los valores y estructuras que creíamos asentados. No obstante, es optimista. Cree que el proyecto europeo va a sobrevivir, pero sostiene que hay que democratizarlo profundamente.

La crisis económica y financiera ha dado paso a una crisis política y social. Brexit, populismos en auge,…Los valores fundacionales de la Unión Europea se están cuestionando. ¿Cree que el proyecto europeo sobrevivirá? ¿Cómo?

Creo que va a sobrevivir. Tiene puntos fuertes y puntos débiles. Los frutos acumulados durante décadas no se perderán tan fácilmente. Pero podría cambiar de forma en los próximos años. Posiblemente podría desarrollarse como un marco más flexible con un núcleo central en torno a la zona euro y una agrupación externa de países no pertenecientes a la zona euro.

¿Qué haría para refundarlo?

Democratizarlo, incluída la Comisión, y otorgar al Parlamento poderes más amplios, por ejemplo para elaborar leyes. Más allá de eso, crearía un nuevo pacto fiscal que ofrezca más margen para estimular el crecimiento. Esto implicaría un acuerdo legal vinculante para ahorrar un porcentaje específico del PIB durante los años de bonanza y gastar en inversiones nacionales un porcentaje específico del PIB en los años malos. Asimismo, establecería asambleas de ciudadanos que, durante unos tres años o más, indicarían lo que los ciudadanos de cada país de la UE desean y esperan. Sus iniciativas podrían eventualmente alimentar reformas. Todo esto debería ayudar a movilizar a las organizaciones de base, especialmente si las mejores comunicaciones (en particular, mediante las redes sociales) generan un nuevo entusiasmo por los valores comunes que, hasta hace poco, han sido las creencias de la UE.

Las fronteras cayeron, se crearon el pasaporte de la UE y la moneda única, pero no hemos podido construir una identidad europea. Los ciudadanos europeos aún mantienen sus fronteras nacionales como referencia. ¿Qué se debe hacer para construir esa identidad?

Por buenas razones, la principal identidad de la mayoría de los europeos para un futuro indefinido será la nación-estado. En algunos casos -Cataluña y Escocia son los ejemplos más obvios, aunque Flandes también podría agregarse a la lista-, la historia, junto con la economía, han dado forma a una identidad nacional alternativa. Cada uno de nosotros tiene diferentes niveles de identidad.

El sentido de la identidad europea debe verse como un valor agregado, no como un reemplazo o un sustituto de las identidades nacionales. La herencia cultural y el sistema de valores compartidos que descansan sobre la libertad, la paz, la tolerancia de las minorías, la independencia judicial y de prensa, los derechos humanos y el derecho democrático liberal de limitar el poder del gobierno nos unen. Esto es lo que debemos enfatizar para fortalecer el sentido de la identidad europea.

¿Por qué cree que están surgiendo con fuerza movimientos populistas que, siguiendo la estela de Donald Trump en Estados Unidos, abogan por el proteccionismo? ¿Cómo cree que se pueden contrarrestar?

Comprendiendo y afrontando algunas de las quejas económicas que expresan, pero también rechazando su ideología exclusivista y discriminatoria y enfatizando los beneficios y ventajas que nuestra comunidad de valores nos ha brindado en las últimas décadas y que, a través del propósito común, nos brindará en el futuro. Pero es un trabajo que llevará tiempo.

Europa está envejeciendo y muchos de los países donde los partidos populistas están en el gobierno, como sucede en Hungría, carecerán de trabajadores porque no habrá jóvenes para atender a su mercado laboral e impulsar su economía. Sin embargo, cierran sus fronteras a los inmigrantes y se oponen a una política común. ¿Qué reflexión le suscita este tema?

Si sus propias economías dependen de la mano de obra inmigrante, pero las políticas bloquean el desarrollo económico, las políticas se verán con el tiempo como contraproducentes. Esto podría, sin embargo, ser un proceso largo. El reconocimiento del cambio necesario tardará en llegar. Incluso entonces, las fuentes de mano de obra inmigrante tendrán que ser limitadas y controladas. El apoyo al Brexit en Gran Bretaña ha demostrado claramente que los valores culturales pueden superar la amenaza de desventaja económica para gran parte de la población.

El eje franco-alemán ha guiado a la UE desde desde su fundación. Hoy en día está cambiando. Merkel y Macron están sufriendo (de alguna manera) sus conflictos internos. ¿Podría hacer que el futuro de la UE sea peor de lo que es hoy?

Tanto Macron como Merkel son líderes debilitados de los dos países clave de la UE. Merkel también está llegando al final de su tiempo como canciller de Alemania. La crisis multifacética de la UE ha repercutido en Francia y Alemania, haciendo que la política interna sea más difícil de manejar. Esto, a su vez, reduce las posibilidades de llegar a una reforma estructural en la UE. Pero si se bloquea la reforma, la UE simplemente continuará enredándose. Si no se abordan los principales problemas subyacentes, simplemente se invitará a más crisis. En la zona euro, especialmente, esto puede resultar difícil de superar si hay una nueva crisis económica grave. Eso probablemente socavaría a la UE en su conjunto.

Los Estados Unidos de Trump critican a Europa. Rusia tiende a desestabilizarla. China está buscando nuevas relaciones comerciales con los países europeos. ¿Cuál es el mejor futuro para la Unión Europea? ¿Esperar y ver?

Esperar y ver significa conceder la iniciativa a otros, que tienen interés en dividir y gobernar. La UE ha tenido éxito con tratados comerciales, más recientemente con Japón, y, si mantiene su unidad, es uno de los actores económicos más importantes del mundo. La fuerza de la UE está en el interés de todos sus estados miembros. Pero su falta de crecimiento económico y la falta de políticas para afrontar sus debilidades estructurales es una gran preocupación. Reforma, nueva energía, dinamismo y un sentido de propósito revitalizado son imperativos para que la UE sea capaz de prosperar en un entorno internacional altamente competitivo y relativamente hostil.

¿Cómo sería el mundo si no hubiera una Unión Europea?

Podemos ver en la historia cómo era Europa antes de la UE. Si la Unión Europea colapsara, las rivalidades y enemistades nacionales ocuparían su lugar en Europa. A nivel internacional, habría un gran vacío. Ninguno de los países europeos, ni siquiera Alemania, podría competir por su cuenta contra las principales potencias no europeas. Las amenazas de seguridad ya son grandes. Requieren cooperación e integración, no fragmentación y división.

¿Cree que el Brexit sería el “error más grande” cometido por cualquier país importante en la historia de la posguerra?

Desde mi punto de vista, es sin duda el mayor daño innecesario y autoinfligido realizado por cualquier país europeo, con el respaldo democrático de la mayoría de la población, desde la Segunda Guerra Mundial.

En Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017: un camino incierto, su último libro, hay una narrativa optimista sobre nuestro presente … ¿Puede explicarlo?

El libro termina con una nota ambivalente. Ciertamente, hay motivos más que suficientes para una seria preocupación por Europa en la actualidad. Pero los cambios a largo plazo desde la Guerra han sido, a pesar de los altibajos, principalmente positivos. A pesar de las muchas advertencias, hemos establecido y consolidado democracias, sociedades civiles, libertad, paz, prosperidad y valores liberales que son aceptados, incluso dado el aumento del populismo, por la abrumadora mayoría de la población. Todo esto da paso al optimismo sobre el futuro.

Entrevista de Álex Rodríguez
Publicado en: La Vanguardia

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