Europa, la ilusión por un proyecto común. Jorge Dobner

Europa, la ilusión por un proyecto común. Jorge Dobner

La hasta ahora primera ministra del Reino Unido, Theresa May, se ha despedido en un mar de lágrimas con la renuncia a su cargo ante la imposibilidad de culminar el Brexit y el insuficiente respaldo de su Partido Conservador.

La dama de hierro ‘fundido’ acaba siendo engullida por la gestión de un ‘Brexit’ cuya resolución no acaba de contentar a nadie, y sin embargo sigue su rumbo. Se las prometían felices ante los ofrecimientos de un Reino Unido más próspero, pero pasados los tres años las dudas se incrementan y añaden nuevos problemas como la solicitud por parte de Escocia de un nuevo referéndum de independencia para 2021.

Los hechos están dando razón a aquellos que advertían acerca de los inconvenientes de romper con la UE. 

Y eso que hace unos meses la incapacidad de hacer efectivo el ‘Brexit’ parecía disuadir a los nacionalistas y eurófobos populistas para no profundizar en la división creada en la sociedad británica.

“El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad” diría el genio Albert Einstein. 

Y si la inteligencia fuera contagiosa podría beneficiar a ciertos personajes agitprop cambiando su estrategia por una más positiva.

Es el caso del histrión Nigel Farage en el Reino Unido, quien durante muchos meses tras el referéndum se mostró prácticamente desaparecido, pero ahora con motivo de las elecciones al Parlamento Europeo vuelve a la carga para con su caballo de Troya terminar lo empezado.

Otros personajes de la ultraderecha nacionalista en Europa (Le Pen, Salvini, Wilders…) siguen el mismo movimiento, con resultados similares de llevarse a cabo sus políticas. Si bien ahora tenemos el ejemplo inmediato británico para evitar crearnos más problemas.

En este momento de inflexión las elecciones europeas son una oportunidad para recuperar la ilusión por un proyecto común, cuna de los derechos civiles, que nos ha dado los años de más estabilidad y paz en el continente.

Los ciudadanos de los 28 Estados miembro de la Unión están llamados a avalar su compromiso de una Europa unida que ha cumplido ya setenta años.

Nadie niega que el proyecto necesita de una revisión, seguramente con reformas importantes, pero hay una empresa más grande que puede echar al traste todo lo construido. Pasar a la balcanización de Europa, dejar que avancen los nacionalismos y populismos de todo tipo, supondría un retroceso a problemas ya olvidados: el caos y la guerra.

En 1992 el entonces presidente francés, François Mitterrand, y su homólogo alemán, Helmut Kohl, dejaban cualquier diferencia de lado para impulsar el Tratado de Maastricht y la ilusión de “democratizar Europa y acercarla a los ciudadanos”.

Todas estas buenas voluntades no han conseguido en su totalidad ser materializadas, pero ahora con la renovación de sus máximos dirigentes se puede recobrar ese espíritu con la valentía de  propiciar los cambios necesarios.

Después de eliminar las fronteras interiores y de crear la moneda única, Europa se plantea ahora otro gran salto en su integración: el desarrollo de una verdadera defensa común. Además hay otros retos para avanzar en una Europa socialmente sostenible para la protección del medio ambiente y la promoción de la justicia social.

Los últimos años han dejado ciertos sinsabores y la necesidad de referentes exitosos, no obstante el histórico Acuerdo de París para el medio ambiente supuso un hito que  debe seguir implementándose.

Esto implica una  estrategia climática conjunta a largo plazo con el objetivo global de alcanzar la neutralidad climática y aumentar el objetivo de reducción de los gases de efecto invernadero de la UE para 2030.

Los años venideros pueden necesitar de más flexibilidad para que todos los países se sientan concernidos. Quizá no todos se vean capacitados para alcanzar unos máximos, lo que puede llevarnos a una Europa de dos velocidades y la continuación del proyecto bajo unos mínimos comunes.

Pero tendremos mucho avanzado si desde Europa se comunica mejor sus líneas de actuación, por qué y para qué, demostrando en definitiva su utilidad.

Desde la UE se han puesto en marcha importantes programas de desarrollo que han incentivado muchas de sus regiones afligidas.

Ciertas zonas ahora industrializadas del Reino Unido no hubieran conseguido el progreso de no contar con ese plan de desarrollo y paradójicamente dieron en el referéndum la espalda a Europa.

Por eso es tan importante que la UE gane la batalla de la información, también con gestos que acerquen las instituciones a la gente.

Una Europa por y para los ciudadanos y no únicamente de los burócratas como muchas veces se percibe desde fuera de sus instituciones. Vale la pena intentarlo.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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