Objetivo del siglo XXI: el fin del cáncer

Objetivo del siglo XXI: el fin del cáncer

Los avances en la ciencia han permitido mejorar de forma exponencial nuestra calidad de vida, viviendo más años y mejor. Esto ha sido posible gracias a la consecución exitosa de investigaciones muy ambiciosas que se han traducido en la prevención y control de las enfermedades, su erradicación y desarrollo de tratamientos eficaces.

A lo largo de la historia enfermedades tales como la malaria, viruela, hepatitis o SIDA han sido enormemente perniciosas en la mortalidad de la población. No obstante, hoy gracias al progreso la mayoría de estas enfermedades  no significan una sentencia de muerte.

Sin embargo, sí que hay otras enfermedades que siguen teniendo una negativa incidencia a nivel mundial como el cáncer: la segunda causa de muerte en el mundo y cerca del 70 % de las muertes en países de ingresos medios y bajos.

Se sabe por numerosos estudios médicos que aproximadamente un tercio de las muertes por cáncer responde a cinco factores de riesgo conductuales y dietéticos: índice de masa corporal elevado, ingesta reducida de frutas y verduras, falta de actividad física, consumo de tabaco y consumo de alcohol. Pero hay otros factores desconocidos que se escapan de esta lógica.

A pesar de la prevención uno de cada 5 hombres y una de cada 6 mujeres en el mundo desarrollan cáncer durante su vida.

En los últimos años, los científicos se han centrado en descubrir el origen que desencadena los distintos tipos de cáncer, y al respecto se han logrado grandes avances en el conocimiento de cómo ciertos cambios en el ADN pueden provocar que las células normales se alteren en células cancerosas.

El número y calidad de las investigaciones están cercando por primera vez al cáncer con la esperanza real de pasar de la mortalidad a la enfermedad crónica y controlada en el peor de los casos como ya sucede con el SIDA o una curación más rápida y con tratamientos menos agresivos en aquellos cánceres con mejor pronóstico.

Lo vemos con el cáncer de páncreas, uno de los más mortales que existen (95%), que gracias a unos recientes avances biomédicos abren la esperanza.

El equipo, liderado por el doctor Mariano Barbacid, jefe del grupo AXA del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha logrado este descubrimiento combinando la eliminación de dos dianas moleculares (denominadas EGFR y c-RAF) relacionadas con el gen responsable de la iniciación de más del 95 por ciento de este tipo de tumores (el oncogen KRAS).

De momento sólo se ha logrado vencer a la enfermedad en ratones de laboratorio, pero no es poco. Se utilizaron 12 ratones modificados genéticamente. Ratones a los que se introdujo la enfermedad. La mitad terminó desarrollando cáncer de páncreas, y en los otros seis, no quedó rastro del tumor.

Otras investigaciones están tratando otro tumor muy agresivo, el glioblastoma multiforme (GBM).

Un equipo dirigido por Marcos García Fuentes, del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS), en la Universidad de Santiago, en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III y la Universidad de Nottingham (Reino Unido), ha desarrollado un tratamiento basado en nanopartículas capaces de penetrar los tumores cerebrales y transportar fármacos genéticos al interior de las células cancerígenas.

La técnica se ha ensayado con éxito en ratones en un experimento cuyos resultados se han publicado en la revista Advanced Therapeutics.

Hasta hace poco las terapias del cáncer se centraban en la localización del tumor, en la fase en que estaba la enfermedad y en el análisis de la morfología celular, pero ahorase comienza a tratar a los pacientes en función de la genética del tumor de su localización. Gracias al estudio genómico y al uso de herramientas de secuenciación genética masiva, en los últimos años se ha podido obtener un atlas muy completo de las características de cada tipo de tumor y clasificar mucho mejor la enfermedad.

“En cáncer de mama hemos logrado identificar ocho subtipos distintos”, explica Josep Tabernero, pionero en esta técnica y director del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO). “Hemos descubierto vulnerabilidades de los tumores, qué alteraciones tienen y cuáles podemos tratar. Y esto ha ido de la mano de la aparición de medicamentos dirigidos específicamente a esas alteraciones”, añade.

Y esto pese a que en algunos países como España la inversión en I+D no alcanza el 2 % PIB.

Basta pensar las posibilidades de apostar definitivamente por la investigación científica como la herramienta más útil para seguir garantizando nuestra calidad de vida.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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