¿Cómo reconstruir el pegamento de la confianza?. Antón Costas

¿Cómo reconstruir el pegamento de la confianza?. Antón Costas

El disolvente de la desconfianza.
La mayoría de las personas decentes están preocupadas por la creciente polarización política y la profunda fractura social que se han introducido en nuestras sociedades. Desean recuperar la cohesión social y la convivencia polí­tica. Pero piensan que no es eso lo que va a ocurrir. Creen, por el contrario, que lo que veremos son sociedades más divisivas y ­tribales.

Esta pasada semana he tenido una confirmación singular de esta disociación entre deseos y realidad. Me invitaron a dirigir una jornada del programa Vicens Vives, Valors, Compromís i Lideratge para jóvenes profesionales.

El tema que escogí fue cómo volver a reconciliar capitalismo, progreso social y democracia para construir sociedades más inclusivas.

Para pensar los modelos de sociedad posibles utilicé un gráfico sencillo. Trazamos primero una línea horizontal representativa de la tradicional división social en izquierda-derecha. En el extremo izquierdo están las personas con una fuerte preferencia por una sociedad igualitarista con un fuerte Estado de bienestar (elevados impuestos y gasto social). En el extremo derecho las personas que prefieren un modelo de sociedad individualista, conservadora y liberal, con un Estado de bienestar pequeño. Este eje permitía describir bien el comportamiento político desde la Segunda Guerra Mundial, con sociedades que se situaban mayoritariamente en el centroizquierda o centroderecha. Pero ahora ya no vale.

Para comprender el comportamiento político actual tenemos que trazar una nueva línea vertical. En el extremo superior están las personas que prefieren una sociedad abierta y cosmopolita, confían en el sistema de economía de mercado y en las instituciones políticas de la democracia liberal. En el extremo inferior están las personas que prefieren una sociedad más cerrada, con control de los mercados, nacionalismo económico y que no confían en las ins­tituciones de la democracia liberal.

Al combinar esos dos ejes surgen cuatro celdillas. La número 1 es la superior de­recha, representa el modelo cosmopolita liberal; la 2 es la inferior derecha, el mo­delo que propone el populismo nacionalista de derechas; la 3 es la inferior izquierda, el populismo nacionalista de izquierdas; y la 4 es la superior izquierda, el modelo de so­ciedad abierta e inclusiva que comienzan a formular los nuevos partidos moderados europeos y algunas propuestas que surgen del interior de los viejos partidos socialdemócratas y del Partido Demócrata en Estados Unidos.

Al ver este gráfico, los responsables del programa me sugirieron realizar una encuesta rápida. Se les dio una copia y tenían que poner una cruz en el cuadrante que representaba su preferencia, y un círculo en el que pensaban que será la realidad. El resultado me sorprendió por su asimetría. La mayoría (26 sobre 28) prefería el modelo del cuadrante 4 y dos el cuadrante 1. Nadie optó por las sociedades de los cuadrantes 2 y 3, populismos nacionalistas de derechas o izquierdas. Pero, lo interesante es que nadie pensaba que vayamos hacia el modelo preferido. Veinte pensaban que la realidad será el populismo nacionalista de derechas, tres la del populismo de izquierdas y otros tres el cosmopolitismo.

Dado que los jóvenes profesionales ­urbanos son los que mayor preferencia muestran por modelos abiertos e inclusivos, de hacer la encuesta entre jóvenes sin formación, mayores o residentes en áreas rurales probablemente los resultados serían más frustrantes.

¿A qué responde esta asimetría entre preferencias y realidad? Tiene mucho que ver con la desconfianza que se ha introducido en nuestras sociedades.

Muchas personas piensan que las instituciones de la democracia liberal y de la economía de mercado juegan sistemáticamente en su contra. Y, la verdad, es que tienen motivos. La desconfianza es un disolvente de la cohesión social. Lleva al tribalismo.

La desconfianza explica mejor las conductas antisistema que la división clásica derecha-izquierda o la división identitaria.

La desconfianza ha contaminado todos los ámbitos de nuestra vida social y política. Un ejemplo paradigmático y cercano es cómo la desconfianza entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras llevó a no convocar elecciones anticipadas y nos abocó a la debacle actual.

¿Cómo reconstruir el pegamento de la confianza? Hay que trabajar en dos ámbitos. Tenemos que comenzar desde abajo.

Tenemos que dejar de pensar que nuestra visión está basada en buenos sentimientos y la de los demás en el odio. Tenemos que salir de nuestras respectivas tribus y ponernos de nuevo a escuchar y hablar entre nosotros.

Y, en segundo lugar, necesitamos políticas públicas y empresariales que hagan que la economía y la democracia funcionen en favor de la mayoría. De lo contrario, tenemos populismos nacionalistas para rato.

Antón Costas

Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona

Leer más:
Permitirnos ser felices
Redistribuir la riqueza para no incrementar la desigualdad. Thomas Piketty

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