Permitirnos ser felices. Jorge Dobner

Permitirnos ser felices. Jorge Dobner

En el mundo de las ideas la felicidad es reconocida como el estado ideal del espíritu, pero si por fin el deseo en su búsqueda se concreta en la práctica, en el mundo sensible y físico ¿Estamos preparados para soportar la felicidad?, ¿Nos permitimos la felicidad?.

Pareciera un contrasentido, pero después de vivir la etapa más larga de bienestar que hemos conocido, los nuevos jinetes del apocalipsis nos quieren vender que quizá ya es suficiente.

La amígdala, ese botón de emergencia de nuestro cerebro, nos alerta de una amenaza, a veces real pero otras veces imaginada. Ese miedo atávico nos impide reconocer las oportunidades en el cambio, avanzar hacia sociedades más progresistas y enriquecernos de la pluralidad.

Además el miedo tiene colaboradores necesarios, aliados naturales en el poder, para paralizar a toda una sociedad, atornillada en viejas estructuras.

En 2011 cuando escribí el libro Verdades Cambiadas anteponía los conceptos realidad positiva vs ideología del malestar. Entonces apuntábamos a que la crisis más importante desde 1929 nos estaba haciendo entrar en un túnel de oscuridad con verdades cambiadas, con mentiras planificadas por los gurús del pesimismo.

Ese malestar se ha alimentado con un claro oportunismo ante cualquier adversidad, incrementando la antipatía hacía al otro y desafección generalizada como está ocurriendo por ejemplo con los chalecos amarillos en Francia, el aumento de antisemitismo y los problemas que plantea la inmigración en Europa.

Nadie niega los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos cada día; pero hay pantallas pasadas, derechos civiles conquistados, avances de todo tipo cada vez más sofisticados que nos sitúan en la etapa de bienestar y prosperidad jamás vivida.

Cuando hay movimientos para abrir una etapa histórica a nivel internacional, dar cabida a nuevas fórmulas y estrategias que pueden resolver (o al menos intentar) los problemas presentes y futuros (enmarcados en la Agenda 2030);  otros, en cambio, de forma visceral se niegan a esta evolución.

Voceros del malestar florecen como una epidemia de grietologos por todas partes: Donald Trump (EE.UU), Matteo Salvini (Italia), Jair Bolsonaro (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Nicolas Maduro (Venezuela), Viktor Orbán (Hungría)  y de más nacional-populismos en Europa, locales (La Liga Norte, Nueva Alianza Flamenca…)  y  estatales (Vox, Frente Nacional de Marine Le Pen, Alternativa para Alemania…) se han dedicado y dedican a generar y alimentar la rotura de puentes porque su razón de ser se nutre de la polarización, de las llamadas “trincheras”.

Como bien dijo  Umberto Eco (De la estupidez a la locura): es la invasión de los necios y de aquellos que ingenua o malintencionadamente están dispuestos a seguirlos en sus campañas inoculando el odio en las gentes.

Eluden así a la cantidad de problemas que sí nos hace falta resolver pese a las mejoras de todos los indicadores: desigualdad, pobreza, cambio climático, inmigración, etc. con mensajes populistas sustentados en conceptos simples para retos de una magnitud compleja.

Esta proliferación  de populismos negativos se retroalimentan entre sí con la intención calculada de acelerar el desorden mundial: de la USA más progresista con Obama a la USA más reaccionaria de Trump, de la Europa más fraternal a la Europa de las divisiones, de la Catalunya enojada al despertar de la España más negra…

Hace 62 años una Europa socavada por dos guerras, luego extendidas a nivel mundial, se unía para cerrar heridas, estrechar lazos entre sus pueblos, e inspirar al mundo la posibilidad real de concordia.

En estos tiempos hay que poner en valor esos mismos valores y buenas intenciones, y dar respaldo a los referentes de diálogos positivos como Angela Merkel, Katrin Jakobsdóttir, Emmanuel Macron, Pedro Sánchez, Pepe Mujica  o Lopez Obrador que aun habiendo cometido errores (como todos), prevalece su visión constructiva.

En esta misma línea se suman expertos e intelectuales en defensa de un optimismo racional y divulgación de propuestas de progreso como Matt Ridley, Steven Pinker, Hans Rosling, Johan NorbergBill Gates como resistencia a la demagogia.

Un nuevo rol social que deberíamos también plantearnos los medios de comunicación debemos compartir, evitando la crispación y visibilizando los éxitos que poco a poco se han ido consiguiendo.

Porque el periodismo es capaz de estimular un mejor ánimo, y ayudar a empoderar a los ciudadanos como fuerza de cambio. La realidad puede explicarse de muchas maneras (sesgada o constructiva) y es el relato que se hace el que modula en buena parte la percepción global de la ciudadanía.

Ese ha sido nuestro cometido desde que hace 10 años naciera En Positivo, y seguiremos defendiendo en beneficio de las oportunidades que nos esperan, las muchas soluciones que ya existen y necesitan protagonismo para ser replicadas en distintos lugares.

En un ejercicio de responsabilidad y parece que todavía tenemos que aprender a ser felices, a valorar lo que tenemos nutriéndonos de imputs positivos  y colaborando entre todos por solucionar los desafíos aún pendientes.

El brillante filósofo polaco Zygmunt Bauman hablaba de una “modernidad líquida” fragmentada, de débiles vínculos, presa de la inmediatez y de las insatisfacciones.

Lejos de pensar que la felicidad nos viene dada, tenemos que trabajar en ella, aprender a cuidarla, transitar en su camino complaciéndonos de las pequeñas y bellas cosas.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
Verdades cambiadas
Evidencias de un mundo mejor
Confrontación vs. Solución
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Desmontando las verdades cambiadas
La ira devora a sus promotores
El pesimismo está sobrevalorado
Un nuevo optimismo, armado de datos, y también de una cierta filosofía

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