Es uno de los políticos más admirados y escuchados alrededor del mundo. Entrevista a José “Pepe” Mujica

Es uno de los políticos más admirados y escuchados alrededor del mundo. Entrevista a José “Pepe” Mujica

“Pepe” Mujica: “Triunfar es sentirse feliz y levantarse cuando uno se cae, no ser rico”.

El ex presidente uruguayo habló con Infobae sobre la nueva película inspirada en sus años de encierro durante la Dictadura uruguaya, su futuro político y cuál es la clave para ser libre en la sociedad actual

Es uno de los políticos más admirados y escuchados alrededor del mundo. Dueño de una historia de militancia épica y dramática, gobernó Uruguay durante uno de los períodos de mayor crecimiento de su historia, impulsando además algunas de las reformas sociales más vanguardistas en América Latina (la santísima trinidad “progre”: legalización de la marihuana, el aborto, y el matrimonio gay) y logrando que la revista The Economist eligiera a nuestros vecinos como “país del año”.

Este 2018, y con 83 años, José “Pepe” Mujica aparecerá por dos en el cine, en un documental sobre su vida dirigido por Emir Kusturica que acaba de estrenarse en el Festival de Venecia, y en la ficción “La noche de 12 años”, basada en su sobrecogedor padecimiento como rehen de la Dictadura uruguaya, que también tuvo su debut en el certamen italiano y que inicia su recorrido comercial en cines argentinos la próxima semana.

Esta semana, Mujica estuvo en nuestro país acompañando el estreno de la película (aunque esa no fue la única actividad que estuvo en su agenda) y se hizo un tiempo para hablar con Infobae sobre el film pero también sobre varios temas de actualidad. A continuación, el reportaje.

-¿Cómo se siente verse retratado en la película “La noche de 12 años”?
-Me trae reminiscencias dolorosas. Pero la película está muy bien hecha, con mucha seriedad. Hay mucho esfuerzo profesional y básicamente considero que es fiel a la verdad.

-El rol de su madre es muy importante en la película. ¿Fue un motor importante en su vida?
-Sí, naturalmente. La película la representa muy bien, su temperamento y el modo de ser de ella. Es impactante.

-¿Y eso definió en usted una posición respecto del rol de la mujer?
-Es más delicado el asunto. Mi madre naturalmente tiene los afectos de ser obviamente mi madre pero, tratando de objetivar, era una descendiente de “tano”, muy fuerte. Mi padre se fue de la vida cuando yo tenía ocho años. Tuvo que hacer de todo. Y luchar contra la pobreza, por el trabajo. Generó un carácter muy fuerte que se refleja bastante en la película, un carácter que es muy auténtico de ella.

-¿Cómo era su madre?
– Mi madre no es un modelo de tersa feminidad, de joven agarraba una olla de 50 kilos y se la cargaba abajo del brazo. No dejaba de ser una mujer tiernamente dura. Tengo mucho que agradecerle, no solo por haberme dado la vida, sino por ayudarme a formar el carácter.

-¿Qué rol cumplen las mujeres en su vida?

-No me planteo esas preguntas. Las mujeres no cumplen, las mujeres son. Son parte de nuestra humanidad. Nuestra humanidad no se puede concebir sin una pata femenina. Pero la mujer no es igual al hombre, por suerte.

-¿Por qué?
-Comprendo totalmente y comparto la agenda de derecho, pero no la igualdad. Una cosa es la igualdad de derechos y la igualdad de posibilidades, y el tener que superar a nuestras sociedades patriarcales, pero decir que la mujer es igual al hombre es quitarle la poesía a la vida.

-En Uruguay se legalizó el aborto en el tercer intento. ¿Cómo ve la situación en Argentina?
-Se da una situación diabólica. El aborto no lo quiere nadie, incluso las mujeres que lo tienen que padecer. El aborto por distintas razones es una realidad en nuestra sociedad, lo legalicemos o no. Pero cuando no lo legalizamos condenamos a las mujeres pobres. Porque asumimos una actitud de castigo de clase. Es como si les dijéramos ‘vas a pasar las de Caín porque además sos pobre’. Las mujeres que tienen recursos van a encontrar una clínica especial donde las van a atender bien, entonces es cínico eso.

-¿Por qué en Uruguay lo legalizaron?
– Por las tradiciones de Uruguay. Me crié en un barrio en el Cerro y había una partera que se llamaba “La Fonseca”. A veces en la vereda había una cola de mujeres, porque no cabían adentro de la casa, y la comisaría estaba a una cuadra. Aquello funcionaba como una oficina, y todo el mundo sabía. Por tradición en mi país, lo que es feo se trata de organizar para que sea menos feo y menos doloroso.

-¿Qué otro ejemplo de “tradición” legalizaron?
– Por allá, por 1914, reconocieron la prostitución, la organizaron con revisación médica y aporte social. Decir no a la prostitución es también un cinismo. Nunca se les ocurrió prohibir el alcohol, como hicieron en Estados Unidos con la Ley Seca. El Estado nacionalizó la producción de alcohol, por ahí por 1916, 1917. Y durante más de 60 años el único que hacía alcohol de boca como la grapa, la caña o el whisky, era el Estado.

-¿Y cómo lo capitalizaba el Estado?
-Lo cobraban un poco más caro y con eso atendían la salud pública. No se puede prohibir porque la gente lo hace igual y el mundo clandestino es peor. Si prohíbes el alcohol va a aparecer la bebida falsificada con alcohol de madera entreverado, que es más barato y afecta mucho más.

-¿Lo mismo pasa con las drogas, ¿no?
-Por desgracia. A un muchacho joven la mejor manera de impulsarlo e inducirlo es prohibirle algo. Porque cosa más boba que un muchacho joven… Y en eso discrimino, las mujeres son más avispadas.

-Lo llevo a la política argentina. La Justicia volvió a procesar esta semana a Cristina Fernández de Kirchner, ¿hace un paralelismo de esa situación con la de Lula en Brasil?
-No, cada país tiene sus problemas y tiene sus condiciones, aunque seguramente debe haber puntos en común. La Revolución China tuvo un canciller maravilloso, y a ese canciller, que era un viejo filósofo, le preguntaron un día qué pensaba de la Revolución Francesa, y contestó “es muy pronto para tener una visión clara de lo que fue la revolución francesa”. Así que yo con respecto a Argentina prefiero tener más claridad, más hechos.

-¿Le parece muy pronto para sacar una conclusión sobre este escenario?
– Sí, porque hay mucha cosa espectacular, y lo espectacular no necesariamente es.

-¿Y encuentra algún denominador común en la región?
-Se está tratando de judicializar la política todo lo que se pueda. Eso es evidente, y por todas partes. Antiguamente se mandaba a los oficiales a determinadas escuelas militares en Estados Unidos o en el Canal de Panamá. Parece que ahora se mandan abogados y jueces, pero es parte de la realidad de hoy.

-¿Cree que existe lo que se denomina “partido judicial”?
-Los partidos sería bueno que sean de frente y legales. La Justicia cuando toma deliberadamente compromiso con una parte deja de ser Justicia, yo quiero pensar que en Argentina no pasa eso, por lo menos en términos globales. Preciso más tiempo para eso.

-2019 es un año electoral en Argentina y en Uruguay, ¿es optimista respecto de lo que pueda pasar?
-Por supuesto que soy optimista pero no de optimismo farandulesco.

Triunfar en la vida es aprender a levantarse cada vez que uno cae. Me toca vivir una civilización que está difundiendo, de hecho, que triunfar en la vida es ser rico, y que el que no es rico fracasó. Discrepo de punta a punta. Triunfar es sentirse feliz, y eso muy poco tiene que ver con la plata.

-¿Eso funciona para todos?
– No quiere decir que un hombre tirado en una cueva o abajo de una chapa de zinc sin comida, un hombre y una mujer, pueden ser felices. Hay ciertos límites materiales que los seres humanos tenemos que cubrir. Confundir riqueza con felicidad es un cuento chino porque lo que nos hace felices está muy ligado a las emociones, a lo sentir, y muy particularmente a los afectos. Y para cultivar los afectos hay que tener tiempo libre. Hay que tener tiempo para los hijos, para las amistades, para las relaciones personales.

-¿Cómo sería eso?
-Si multiplico mis necesidades materiales y tengo que vivir pagando cuentas porque mis necesidades materiales son infinitas, tengo que trabajar infinito para cubrir esas necesidades materiales y, francamente no es negocio, porque termino sacrificando mis afectos. Esto parece pavada pero no es pavada, estamos en el siglo de las enfermedades de la cabeza, de la ansiedad, de los que no pueden dormir, etc.

-Da la sensación de que todo va hacia ese lugar y si uno no lo comparte siente que va contra la corriente…
-¿Y quién dijo que hay que ir con la corriente? Ahora si en la corriente todos se vuelven locos…

-Al que va contra la corriente lo tildan de loco.

-Hay que aprender a vivir con lo necesario porque esa locura es funcional a la ganancia está fomentada para que usted sea un consumidor y un trabajador permanente y gaste su vida pagando cuentas. Esta es una cultura funcional en esta etapa del capitalismo que necesita que estemos comprando, comprando y comprando.

Ahora bien, usted va a caer en la idea de “yo no quiero que a mi hijo le falte nada”, y le falta usted porque no tiene tiempo para él. Eso no lo arregla con ningún juguete, porque no se cambian los afectos por juguetes.

-¿Qué otra cosa no se puede cambiar?

– No se puede cambiar el mundo, hay que aprender en este mundo a no dejarse entrampar por esta sociedad. Usted no puede evitar que la calle esté llena de autos pero tiene que aprender a cruzar la calle sin que los autos la pisen. Este es el desafío. Y va a ver que se puede.

-Lo más difícil de lo que está diciendo es educar hijos que vayan contra la corriente
-No es tan sacrificado, no se le puede plantear a la gente, porque esto es una opción de luchar por mantener su libertad. Una palabrita que la gente usa mucho pero no sabe lo que es. ¿Cuándo somos libres? Somos libres cuando hacemos algo que a nosotros nos gusta, sin perjudicar a otros. Mientras tenemos que hacer algo por una obligación porque nos tenemos que ganar la vida, no somos libres. Ahora, ¿cuándo soy libre? En ese momento cuando yo soy dueño de las decisiones que tomo.

-¿En qué momentos despliega esa libertad?
-Me gusta pescar y me voy a pescar, o me gusta jugar al fútbol y me voy a jugar al fútbol, o me gusta ir a jugar al truco con los amigos, o me gusta jugar con mi hijo. Eso que no es profesional, que no recibo nada, es algo de mi decisión, es el ejercicio de mi libertad porque yo elijo lo que hago. Cuando tengo que cumplir una obligación… Estos muchachos que están acá, se tienen que ganar la vida para tener un salario, de repente están acá paspados con este viejo que está diciendo un rosario de cosas que no comparten, y se lo tienen que bancar porque ellos viven de eso.

-¿Hay una forma de medir esa libertad?
-Te das cuenta que el margen de nuestra libertad, si yo multiplico las necesidades materiales no me queda tiempo para el ejercicio de mi libertad. Le planteo a la gente que resuelva su problema material, trate de tener la comida pero no se vuelva loco por la aventura económica porque no le va a alcanzar nada. Si tenés un auto chico después va a querer tener un auto más grande, si te vas un fin de semana a un balneario, después vas a querer ir a Florianopolis, y después vas a querer ir a Miami. Y así sucesivamente hasta pasar la vida pagando cuentas. ¿Y tu felicidad está en eso?

-El tema es que hoy en Argentina hay gente que ni siquiera tiene las necesidades básicas satisfechas
-¡Ah, esa es otra historia! Las necesidades básicas, eso sí hay que socializarlo.

La gente tiene que tener un mínimo asegurado. Eso es angustia, es la otra punta. Hay mucha desigualdad en el mundo que nos toca vivir, hay mucha concentración de la riqueza. Hay menos de 300 señores en América Latina que tienen más que 300 millones de latinoamericanos. Hay más riqueza, pero se concentra más y los seres humanos tenemos un asunto interior de igualdad.

-¿Cómo se comprueba eso?
-El que tenga una duda, que tenga un chico de cinco o seis años y que le lleve un juguete a uno y a otro no y después me cuenta lo que pasa. Va a ver que el sentimiento de igualdad lo tenemos adentro. Después por educación y civilización lo tenemos que educar y domesticar, pero esas son las causas de mucha infelicidad en el mundo que vivimos. La igualdad de los semejantes, no la igualdad de los ladrillos. Igualdad de oferta de oportunidades para que unos se desarrollen de una manera y otros de otra, hay mucha injusticia en cuanto a las oportunidades cuando los jóvenes salen del cascarón.

-El año que viene muchos le piden que sea candidato a presidente, ¿qué va a ser?
-El año que viene voy a tener 84 años. Voy a tener que festejar tener 84 años. Porque no es changa llegar.

-Y con la actividad que tiene, no para.
-Mañana tengo que ir a un homenaje en el que le dan un premio a un amigo mío. Un antropólogo, Vidal, creo que tiene 99 años. Y a los 94 se volvió a casar. Me manda una carta, “vino la primavera, me volví a enamorar”.

-Espectacular. Y cada dos por tres está sacando un libro nuevo. Puede ser presidente entonces, si su amigo a los 94 se volvió a casar, usted puede ser candidato en el 2019.

-Soplan vientos de renovación. Ahora viene el tiempos de ustedes, de la Inteligencia Artificial, del twitter, yo soy de otra época. Yo, si no escribo en papel, no pienso.

-¿Piensa en alguien en particular?

-Es un país muy conservador el Uruguay porque es de gente veterana. Ambientar un tipo que sea candidato, o una mujer. Estamos quedando rezagados, es un país que nunca tuvo una mujer presidente. Podría ser hora, ¿no?

-¿Le gustaría una candidata mujer?
-Sí, claro que sí. Peor que los hombres no van a ser y tenemos buena chance que sea mejor.

-¿Se perfilan algunas?
-Hay, sí.

-¿Quiénes son?
-Hay una ministra de industria, ingeniera, tiene posibilidades. Y hay otras, hay varias. El asunto es que se anime.

-¿Estaría dispuesto a acompañarla en la candidatura?
-Sí.

Gisela Marziotta
Publicado en: Infobae

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