Los grandes mitos de la felicidad

Los grandes mitos de la felicidad

La búsqueda de la felicidad es uno de los objetivos – por no decir la máxima aspiración – que persigue el ser humano durante el transcurso de su vida. Sin embargo y por desgracia, encontrar la dicha se convierte a menudo en una exploración infructuosa: de aquí allá dando tumbos, momentos de alegría y esparcimiento para luego girar de nuevo, cambiar el estado de ánimo.

Como diría el pensador chino Lao-Tsé “No hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”.

Porque quizá nuestro error radique en la trasposición de términos, no se trata de alcanzar la felicidad como un fin en sí mismo, sino que el objetivo del juego debe conseguirse conforme se está jugando. También unido al hecho de disfrutar de las pequeñas victorias que se presentan en este largo camino.

En sintonía con esta cuestión la felicidad ha servido de inspiración a la literatura de ficción o autoayuda, de forma explícita o no tanto. Uno de los más recientes “Los mitos de la felicidad” (The myths of happiness) con la firma de la psicóloga Sonja Lyubomirsky.

Según sus últimas investigaciones enfocadas en la “adaptación hedónica”, la fuerza de la costumbre provoca que las situaciones que hacen que la gente se sienta feliz dejen de serlo cuando se reproducen con demasiada frecuencia, luego pierden el efecto inicial.

Lo cierto es que alrededor de la felicidad se han fomentado ciertos mitos falsos en relación a las vinculaciones, trabajo, dinero y nostalgia que aquí desterramos:

1. “Seré feliz cuando esté casado con la persona adecuada”: si bien el matrimonio en principio nos hace felices, no es oro todo lo que reluce más cuando se piensa que la intensidad de los emociones es perpetua.

Es más recientes investigaciones señalan que la explosión de felicidad dura dos años, luego el amor apasionado puede convertirse en verdadero siempre que alimentemos la llama, variedad, sorpresa, actividades “expansibles”…

2. “No seré feliz… si mi relación finaliza”: se vincula con el miedo a la soledad y también al fracaso. Sin embargo la infelicidad comienza con el declive del matrimonio, en su punto más bajo dos años antes de que este concluya.

Por el contrario cuatro años después de la separación los divorciados son más felices de lo que lo fueron antes. Hay que encerrar las experiencias negativas en una caja y tener presente que una retirada a tiempo puede ser una victoria.

3. “Seré feliz… cuando tenga hijos”: se suele decir que los hijos traen una barra de pan bajo el brazo porque sin duda son un regalo. Pero tampoco hay que eludir que criarlos es una gran responsabilidad que dura toda la vida, a veces costoso y extenuante.

4. Necesito un compañero/a: lo del soltero/a triste es un mito, diversos estudios demuestran que los solteros no son menos felices que los casados, además gozan de más tiempo para cultivar amistades y aficiones. Incluso el miedo a la soledad nos puede conducir a una relación sentimental forzada, pobre y por ende infeliz.

5. “Encontrar el trabajo de mis sueños me hará feliz”: el problema empieza si descubrimos que el trabajo en cuestión no se ajusta a las altas expectativas que habíamos generado previamente. Tras una promoción se da el “efecto resaca”, es decir la felicidad después de un año vuelve al nivel anterior. Quizá deberíamos ser más realistas, revivir experiencias concretar y disfrutar del trabajo como si de una aventura se tratase.

6. “No seré feliz… si me arruino”: la ecuación felicidad y dinero pocas veces resulta exacta, es decir se cumple aquello del dinero no compra la felicidad. Para vivir con menos podemos intentar ahorrar, gastar en experiencias más que en cosas tangibles y emanar un espíritu creativo.

7. “Seré feliz cuando sea rico y famoso”: cuántas veces hemos visto el caso de gente tremendamente rica en valor material pero pobre de espíritu e infeliz. A parte de difícil de alcanzar puede en muchos casos resultar una felicidad efímera que en contrapartida puede desembocar en depresión. No hay nada como darnos a los demás y recibir la mejor de las recompensas.

8. “Nunca me sobrepondré a un diagnóstico médico muy malo”: la actitud natural frente a esta situación es la desesperación y tristeza, algo por otro lado comprensible. Sin embargo la autocomplacencia no hará más que hundirnos en un pozo sin fondo.

La ciencia ha demostrado que la actitud es una herramienta vital para sobreponerse a una enfermedad. Las emociones positivas “sientan” bien y podemos apoyarnos en la espiritualidad, meditación y formas alternativas para potenciarlas.

9. “No seré feliz si no alcanzo el top de la liga”: no es más que una metáfora sobre las autoexigencias generadas, uno de los peores vicios es dejarse comparar con el resto. La perfección bloquea nuestros esfuerzos, el coaching puede ser una buena herramienta para visualizar con perspectiva nuestros objetivos.

10. “Los mejores años de mi vida han terminado”: lejos de esta creencia generalizada, la felicidad con el paso del tiempo pueda aumentar. Estudios recientes han remarcado que el pico de experiencia emocional positiva se produce a los 64, 65 y 79 años, respectivamente. Pues las personas cambian su concepto sobre la vida estableciendo prioridades. A partir de la segunda mitad de la vida contamos con el aval de experiencia para afrontar el futuro gozando además de una esperanza de vida cada vez es mayor.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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