El cambio viene de las ciudades. Jorge Dobner

El cambio viene de las ciudades. Jorge Dobner

Hace mucho que la política municipal no ganaba tanto protagonismo como hoy vemos. Desde hace un tiempo en las principales ciudades del mundo se están dado relevos significativos en el sino político, pero lo que es más importante un diferente modo de hacer las cosas.

Tiene sentido pensar que las políticas municipales pueden y deben contribuir en buena medida en el bienestar de los ciudadanos porque este es su sentido. Sin embargo en la práctica, y aunque pueda resultar paradójico, los ayuntamientos parecían palacios de oro con acceso restringido. Este planteamiento hermético unido a la mala praxis municipal – corrupciones incluidas – no hizo más que alejar a los ciudadanos que se sentían poco legitimados por sus representantes.

Sin embargo, la irrupción de varias figuras importantes, y su intención de humanizar los ayuntamientos, les devuelven su función natural.

Este también forma parte de un proceso político de “abajo hacia arriba” valorando que las ciudades tienen una influencia mayor como primer motor para impulsar algunas de las transformaciones que luego pueden adquirir una dimensión global.

El 5 de noviembre de 2013, Bill de Blasio ganaba contracorriente las elecciones para la alcaldía de Nueva York “vamos a terminar con la desigualdad en esta ciudad” señaló en su triunfo. La Gran Manzana se convertía así en una de las ciudades pioneras por el cambio. Pasado el tiempo y sin hacer demasiado ruido pero cumpliendo muchas propuestas: un plan de viviendas asequibles para las familias con menos ingresos, un programa cuantificado en más de 20 millones para asistir a mujeres jóvenes y combatir la desigualdad de género, campañas de prevención contra la armas y violencia o el ambicioso plan OneNYC para enfrentar el cambio climático.

Otra de esas ciudades del cambio, París, ha ganado otra dimensión – al margen de su tan renombrado turístico – de la mano de su alcaldesa Anne Hidalgo. Firme activista de la causa medioambiental, uno de sus grandes objetivos es reducir la contaminación, para ello ha añadido restricciones a la circulación de vehículos contaminantes mientras que propone incentivos a la utilización de vehículos contaminantes. Su última iniciativa va ligada a un tema vital como la crisis de los refugiados para lo que ha sellado su compromiso de constituir una ciudad-refugio.

Recientemente el laborista Sadiq Khan se ha convertido en el primer alcalde musulmán de Londres algo que refleja el carácter cosmopolita lejos de los miedos infundados.

De talante integrador y europeizado Khan tiene al igual que sus homólogos una dura trayectoria personal y el ascenso profesional por méritos propios que conecta muy bien con las aspiraciones de la clase trabajadora y media.

La última en sumarse a esta lista es la más que probable nueva alcaldesa de Roma. Virginia Raggi, de 37 años, se ha impuesto en las elecciones locales con algo más del 35 % de los votos. Raggi que se disputará en segunda vuelta el bastón de acalde con Roberto Giachetti promete medidas muy prácticas que devuelvan a la ciudad romana a la realidad. Sus prioridades son el transporte público, la transparencia y recogida de basuras.

Por último también en el último año también España se ha sumado a este revolucionario movimiento: Barcelona, Madrid, Valencia o Cádiz, en algunos casos con más o menos acierto en relación a los hechos.

No en vano estas ciudades tienen la gran responsabilidad de constatar con hechos lo que prometían, mantener el equilibrio entre los distintos sectores en la búsqueda del bien común. Su desafío es dar el salto de la retórica a los hechos contrastados. Los ciudadanos lo exigen.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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