Trump y el Papa, figuras antitéticas

Trump y el Papa, figuras antitéticas

A Donald Trump le encanta rodearse de lujos y viajar en su Boeing 757 con grifería de oro de 24 quilates. Francisco ha retirado la flota vaticana de Mercedes y prefiere moverse en vehículos utilitarios. El presidente electo de Estados Unidos juega a golf y se siente como pez en el agua en concursos de misses.

El Papa no toma nunca vacaciones, ha renunciado a ir a Castel Gandolfo y busca siempre la cercanía de los pobres y marginados, como hizo ayer mismo en el Vaticano. Trump prometió levantar un muro antiinmigrantes en la frontera con México. Jorge Mario Bergoglio realizó su primer viaje fuera de Roma, como pontífice, a la isla de Lampedusa. Cuesta imaginarse a dos figuras más antitéticas.

La primera reacción de la Santa Sede ante la victoria del magnate ha sido prudente y muy diplomática, como cabía esperar. El secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, deseó a Trump que sirva bien a su país y contribuya a la paz mundial. Parolin agradeció el tono del presidente electo tras su victoria y le recordó la urgencia de poner fin a la guerra en Siria.

La irrupción de Trump cuesta de digerir en las cancillerías, también a la experimentada y hábil diplomacia vaticana. Hillary Clinton, pese a encarnar una clara ideología laica, era el mal menor, al menos para el entorno del Papa. Fue revelador, sin embargo, que el único candidato estadounidense que visitó el Vaticano, invitado por Francisco, durante las primarias, fue Bernie Sanders, el senador izquierdista que plantó cara a Hillary.

En febrero pasado hubo un intercambio dialéctico muy duro, sin precedentes, entre Francisco y Trump. A su vuelta de México, en el avión, le preguntaron al Papa su opinión sobre el entonces aspirante a la nominación republicana y su plan del muro en la frontera con México. Francisco dijo que “una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no puentes, no es cristiana”. El Papa matizó que no conocía con exactitud las declaraciones de Trump y que le concedía “el beneficio de la duda”, pero ya había hecho explotar la bomba. Trump no tardó en replicar. Consideró “vergonzoso” que un líder religioso cuestionara la fe de otra persona y acusó al Papa de ser “un peón” manipulado por México.

Las palabras del Francisco posiblemente dieron alas a Trump en un país que, en su origen fundacional, era profundamente antipapista. El papado representaba, para los padres fundadores de Estados Unidos, de tradición protestante, lo peor de aquella Europa reaccionaria con la que habían roto. De hecho, Kennedy sufrió serias reticencias para llegar a la Casa Blanca por ser católico. Washington y la Santa Sede no establecieron relaciones diplomáticas plenas hasta 1984.

Pese a la antítesis entre Trump y Francisco, en las elecciones del pasado martes –según las encuestas a pie de urna–, el 52% de los católicos votó a Trump. Hay razones para pensar que una mayoría de obispos estadounidenses también lo hizo. Y en el propio Vaticano hay cardenales norteamericanos, como Raymond Burke, patrón de la Orden de Malta, que no esconden sus simpatías. Al día siguiente de la votación, Burke –muy conservador y mucho menos influyente de lo que era con Benedicto XVI– concedió una entrevista en la que se congratuló de que Trump vaya a luchar con energía contra el aborto y quitó importancia a los planes antiinmigración.

En la jerarquía católica estadounidense se comparte la misericordia de Francisco hacia los inmigrantes pero muchos muestran una posición más dura que el pontífice en el rechazo al aborto y la eutanasia. Burke, además, ha sido una de las voces más críticas a la actitud suave del Papa hacia los homosexuales y los divorciados.

Ayer La Repubblica publicó una entrevista al Papa, hecha por el fundador del diario, Eugenio Scalfari, el día antes de las elecciones estadounidenses. Scalfari ha confesado siempre que no graba las conversaciones, no toma apuntes y recrea el diálogo con cierta libertad. Pese a ello, el Vaticano acepta que la versión publicada es buena. El veterano periodista preguntó a Francisco por Trump y esta fue su respuesta: “No tengo juicios sobre personas o sobre hombres políticos. Simplemente quiero saber cuáles son los sufrimientos que su manera de proceder causa a los pobres y a los excluidos”

Publicado en: La Vanguardia

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