Feminizar la política.

Feminizar la política.

Poco a poco la balanza se va equilibrando en el panorama político mundial sobre la tradicional desigualdad de las mujeres respecto a la omnipresencia de los hombres en los asuntos públicos. Como dijo en cierta ocasión la filósofa Simone de Beauvoir “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres” y es que mucho ha tardado la mujer en recorrer el mismo camino del hombre.

Más concretamente no fue hasta el siglo XX, en 1960, cuando Sirimavo Bandaranaike abrió la veda en el liderazgo femenino en la política de primer orden siendo entonces elegida presidenta de Sri Lanka, la primera mujer en el mundo en ganar unas elecciones y en ocupar una Jefatura de Estado.

Hoy por suerte hablamos de un contexto muy distinto y son 16 países los que tienen una mujer como Jefa de Estado. La última en sumarse en este listado ha sido Theresa May, quien recientemente lleva las riendas del Gobierno británico como sucesora de David Cameron. Pronto además podría sumarse un nuevo nombre, el de Hillary Clinton, en caso de ganar las elecciones presidenciales en EE.UU.

También hay que valorar notablemente los avances en política municipal y regional sumando importantes activos femeninos como en el caso de los países del sur de Europa (España con los casos de Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona, Yuriko Koike como primera gobernadora de Tokio,o Italia con Virginia Raggi y Chiara Appendino.

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Aún a fuerza de errores la ciudadanía está reconociendo un cambio de tendencia donde las mujeres deben ser líderes de estos nuevos tiempos en los que necesitamos tanta paz, comprensión y sosiego.

Los problemas presentes necesitan precisamente de ese talente cuando el terrorismo o la crisis de los refugiados nos afectan tan hondo y merecen una respuesta inteligente y consensuada.

Menos testosterona y más sensibilidad, cuando imágenes como el famoso trío político de las Azores deben servir de lección para no repetir los mismos errores, y en ese sentido un mayor cupo femenino puede aportar el componente ying en la política.

Haciendo honor al famoso libro de Jane Austen, Sentido y Sensibilidad, estos son dos valores muy importantes a integrar con plenas garantías en los asuntos públicos. De un lado el sentido, el común considerado como el mejor de los sentidos para evitar cometer locuras pasadas y sensibilidad para sentir moralmente el dolor de los otros y evitar por tanto mayores prejuicios.

Esta feminización no tiene que ser excluyente sino todo lo contrario es patrimonio de todos. En su complejidad no se trata únicamente de género sino especialmente de formas. Al igual que ciertas mujeres en equivocado agravio comparativo pueden querer equiparse a los hombres asumiendo un rol más masculino puede también suceder el efecto contrario.

Sin alardes o necesidad de reafirmación exagerada los políticos pueden aprender las buenas conductas de algunas de sus compañeras.

Cuando se habla de feminizar la política es un concepto global donde el diálogo, el juicio y tolerancia está por encima de las imposiciones.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
El cambio viene de las ciudades
La evolución positiva de nuestro mundo

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