El todo o la nada.

El todo o la nada.

Se cumple el tópico que no hay peor enemigo para la izquierda que ella misma. Desde hace tiempo los analistas políticos redundan en esa idea que no hace falta la derecha para provocar la desunión entre la izquierda, basta mirar sus recelos y poca colaboración entre iguales. Todo pese a que la esencia de las fuerzas progresistas es avanzar en justicia social, en consecuencia cuando deja de servir a los intereses públicos pierde su sentido de existencia.

Ser o no ser, esa es la cuestión shakesperiana que remueve la identidad de la izquierda. El panorama político español acorde a los resultados de las elecciones del 26 de junio es una buena piedra de toque para reformular antiguos preceptos.

Pese al incremento de ventaja del Partido Popular respecto a sus competidores, una nota positiva es que los maximalismos ya no pueden darse y todos necesitan de todos en mayor o medida.

A la espera de que el partido conservador previsiblemente sea investido, en minoría con alguna abstención de los opositores o algo más reforzado con alguna otra que alianza, la legislatura en cualquier caso estará marcada por las concesiones.
Se atisba cuanto menos que el partido conservador ha cambiado su estrategia inmovilista respecto a las elecciones del 20 de diciembre, ahora sí dispuesto a aceptar el futurible encargo de rey Felipe VI y hacer los movimientos oportunos para granjearse apoyos.

Por su parte el partido centrista Ciudadanos también ha anunciado una abstención táctica para que la legislatura por fin eche a andar.

En este punto la izquierda tiene la oportunidad de ser constructiva y determinante para provocar los cambios que necesita este país, obligando a los conservadores a moverse del tablero de juego, pero para que esto se produzca esta legislatura debe comenzar.

Los resultados no dejan a ningún partido del todo satisfecho, y eso a priori repercute en beneficio de los ciudadanos, sabiendo que más que nunca los políticos deberán trabajar más de lo que venían haciéndolo.

Podemos se las prometía felices con su asalto al cielo y si bien muchos de sus ideales eran compartidos como aire fresco, sus pasos en los últimos meses han ido en dirección contraria. Aunque los 71 diputados obtenidos es una gran hazaña para un partido de reciente creación, no es menos cierto que representan una cura de humildad para revisar especialmente sus formas y relaciones con el PSOE.

Esta legislatura se planteaba el todo o la nada, la posibilidad de avanzar en su discurso poético a otro más práctico, la posibilidad de avanzar en sus reivindicaciones siendo además palanca de cambio, o por contra morir en el intento.

Por sus acciones tendrán la oportunidad de dibujar la sonrisa en los ciudadanos o quedar relegados como partido gruñón.

También el PSOE está todavía a tiempo de superar la etapa post – Zapatero que aun siendo reconocida como una época importante en materia de derechos civiles no puede decirse lo mismo en cuanto a gestión económica y a la forma de enfrentar el comienzo de la crisis. Habiendo superado la pelota de partido con su temido ‘sorpasso’ a causa de Podemos, éste marca un punto de inflexión para hacer autocrítica.

Es tiempo de reconstruirse en torno a un sólido proyecto de socialdemocracia reconociendo que hoy por hoy hay otra fuerza de izquierdas, pero que lejos de intimidar puede ser un socio colaborador para articular la agencia social. De ese buen talante, amable y aperturista, dependerá su valía.

Es hora de pasar de un nihilismo negativo a una actitud más proactiva, y no necesariamente entendida como una sobreexposición al foco mediático.

No hay que negar que en momentos de incertidumbre (Brexit, terrorismo, el golpe de estado en Turquía) los políticos deben primar el interés colectivo por encima de los partidistas, que es lo que precisamente demanda la ciudadanía.

Están llamados a encontrar soluciones y no poner palos en la rueda, quizás no sean las mejores pero sí las soluciones posibles dentro de un mínimo común.

Si no podemos tocar el cielo al menos no nos precipitemos en el infierno.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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