Grandes marcas, grandes responsabilidades.

Grandes marcas, grandes responsabilidades.

Esta semana conocíamos que la sección de Grandes Contribuyentes de la Agencia Tributaria en España ha abierto desde 2014 al menos dos inspecciones a Apple sobre posibles fraudes con el impuesto del IVA. Una noticia insólita y a su vez positiva que puede abrir un nuevo tiempo y sentar precedente en un tema por mucho tiempo vedado.

Si bien las empresas tecnológicas (Apple, Amazon, Google, Microsoft…) gozan de una alta consideración entre el público también debiera cuestionarse si son merecedoras de esta estima.
Dentro de un contexto favorable los gigantes tecnológicos hoy copan los primeros puestos de “Las 100 empresas más poderosas del 2016”.

De valor incalculable representan las marcas que más valen, todo gracias al buen uso de la innovación como factor decisivo.
Sin embargo su aportación fiscal es en líneas generales nimia, urdiendo sin reparo estratagemas varias para esquivar sus responsabilidades fiscales.

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Estos grupos tecnológicos trasladan el grueso de su facturación a otros países en los que la tributación es más baja, como Irlanda o Luxemburgo. Pero por si fuera poco a través de estas estructuras fiscales les permiten que los beneficios tampoco tributen apenas en esos países.

No hay que negar la “doble moral” que han mantenido por tiempo gracias al amparo de estados e instituciones internacionales que le otorgan un estatus de “intocables”. Cabe recordar las filtraciones del caso apodado ‘LuxLeaks’ que señalaba al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, como consentidor de este marco fiscal de beneficio discriminatorio para cientos de multinacionales.

Respecto a este agravio directo a los ciudadanos sorprende las pocas represalias recibidas, no ya en materia de legalidad sino incluso en la percepción del consumidor.

Basta comparar con la situación política que en este caso sí advierte una conciencia notable. A partir de la movilización de los ciudadanos se están logrando cambios significativos, emergen fuerzas políticas e instituciones renovadoras y de carácter punitivo dispuestas a castigar el fraude fiscal. La dignidad o decencia son términos que se han recuperado en beneficio de una democracia más limpia donde todo se examina al milímetro.

Pero esta responsabilidad es común también para los gigantes tecnológicos que debieran aplicarse el buen uso de la responsabilidad social: hay que ser y parecer. En este supuesto el consumidor tiene el poder de castigar y premiar a las empresas con más o menos ética.

Se suele dar por sentado que el ciudadano apenas tiene margen de maniobra, pero no es cierto si se considera que con su libre albedrío puede decidir y discriminar lo que considere. Sólo su movilización y visibilidad de un cambio de conciencia obligará a los estados forzar un nuevo tipo de medidas que impliquen a todos por igual en la fiscalidad, empresas tecnológicas incluidas.


Jorge Dobner

Editor
En Positivo

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Hacienda somos todos

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