Hacienda somos todos.

Hacienda somos todos.

Hacienda somos todos, o eso dicen, pero basta remitirse a los hechos para descubrir la verdad. El último caso conocido de los papeles de Panamá es sólo la punta del iceberg, un entramado organizado de los poderosos que abusan de su posición para evadir impuestos con todo tipo de artimañas – algunas legales y otras no – en cualquier caso poco éticas.

Se cumple el tópico no menos cierto que para dar ejemplo hay que ser ejemplar. Aquellos que con predicamento apelan a la responsabilidad de los ciudadanos para participar en la hucha común no pueden luego actuar con irresponsabilidad. Un abc que en el caso de los políticos salpicados por evasión fiscal resulta más vergonzante.
Hablamos de una red de intereses recíprocos que mueve miles de millones en la oscuridad.

Así las multinacionales pagan menos impuestos gracias a múltiples mecanismos con el beneplácito u omisión de los altos cargos. Esta el caso del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, cuando se demostró que durante sus años de gobernante había promocionado una trama para que empresas de la UE pagarán menos impuestos en Luxemburgo.

Y aunque suene paradójico, según informaron recientemente desde Bruselas la cantidad por fraude fiscal de las grandes empresas en la UE asciende entre 50.000 y 70.000 millones de euros anuales.

A continuación el comisario de Economía de la Unión, el socialista francés Pierre Moscovici, presentó como si de un propósito de enmienda se tratase una nueva estrategia compuesta de varias medidas para evitar la evasión en el territorio comunitario (p.ej. el bloqueo de los métodos utilizados por las empresas para evitar el pago de impuestos).

Toda una declaración de intenciones que a estas alturas debería ser mucho más pero que deja a las claras como las filtraciones de la prensa de investigación están removiendo conciencias.

El escándalo que ha visto la luz no podía ser más oportuno en un momento en que la inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado de entre 2000 y 2014 por cuatro. Según el informe “Una economía al servicio del 1% ” presentada por Oxfam revela que a nivel mundial más de 7,6 billones de dólares permanecen ocultos, lo que supone ya más del PIB del reino Unido y Alemania juntos.

En la cara opuesta los países pobres pierden casi 150.000 millones de euros que deberían recaudar por las tasas fiscales correspondientes a grandes fortunas y multinacionales si estos ejercieran con responsabilidad. Ese dinero sería más que suficiente para cumplir los Objetivos del Milenio o garantizar la asistencia sanitaria básica por años.

En el caso de Latinoamérica donde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y Oxfam también alertó de un sistema fiscal en la región que favorece a multinacionales y cuesta a sus ciudadanos 320.000 millones de dólares cada año.

En este punto además de la labor que la prensa pueda hacer denunciando esta mala praxis la respuesta debe llegar también por parte de los ciudadanos, que al fin y al cabo son los principales damnificados.

Lejos de la inoperancia que algunos presuponen durante este tiempo se ha demostrado que en colectivo la sociedad puede empoderarse. A priori y sin necesidad de grandes organizaciones los ciudadanos pueden presionar de dos formas muy claras. Primeramente ejerciendo su derecho al voto en elecciones al premiar los partidos que expresamente tienen el objetivo de emprender las reformas necesarias en esta materia.

En segundo lugar podemos actuar con una actitud más responsable como consumidor priorizando las compañías éticas respecto a otras que evaden sus impuestos.

Cabe recordar el caso paradigmático de Starbucks en Reino Unido cuando la ciudadanía se enteró de que en 14 años de operaciones en este país sólo había pagado 8,6 millones de libras en impuestos de sociedades respecto a una facturación real de 3.000 millones. En tiempos de crisis el cabreo se entiende monumental.
En consecuencia la compañía sufrió un grave perjuicio más al conocer que su competidor directo, Costa Coffee, demostró más ética sin incurrir a paraísos fiscales. Con el temor de verse boicoteado la cadena prometió pagar 20 millones de esterlinas en impuestos en apenas dos años.

No hay que olvidar también la responsabilidad social de las empresas, prácticas éticas incluidas, es un valor intangible e incalculable con repercusión directa en los tangibles.

Y ya se sabe a la larga lo barato puede resultarles muy caro. Mal que pese a algunos como siempre el ciudadano tiene la última palabra.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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