La revolución posible.

La revolución posible.

En aquella obra teatral de Aaron Sorkin luego adaptada en cine “Algunos hombres buenos” se trataban importantes cuestiones morales referentes al individualismo, la cuestión del honor y al comportamiento fanático de otros con demasiadas exigencias.

En un tiempo en que la bonhomía, la bondad del hombre se presupone deseable, y sigue presente pero en su cualidad extraordinaria como la confirmación de la regla tampoco abunda.

La política como reflejo de nuestra sociedad marca esa tendencia, el auge de nuevas figuras que a priori están más íntimamente conectados a la cualidad humana buscando el bien común. Si bien es cierto que otros con actitud paternalista dicen saber lo que es mejor para nosotros en beneficio de ellos mismos y sus intereses.

Quizá con retrospectiva y sabiendo que los buenos líderes políticos son una especie que hace falta proteger, los ciudadanos reconocen en estos momentos las bondades de unos en agravio comparativo de anteriores nefastos.

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Es el caso de un revitalizado Barack Obama quien después de unas duras legislaturas pone en este año punto final dándose baños de gloria.

La ciudadanía de este país se cura en salud sobre lo que pudiera venir y comienza a valorar en justa medida los éxitos de su hasta ahora presidente.

El reconocido despegue de la economía que ha superado sus debilidades o una valiosa reforma sanitaria contra viento y marea, y pese a los palos en la rueda de los republicanos, que mejorará notablemente la vida de los personas con una cobertura del 90 %.
Dentro de este contexto es sintomático que por primera vez en sus 8 años de legislatura dispara sus índices de popularidad, mientras que antes había más que lo suspendían.

Lejos de llegar a la perfección o a la culminación de los ideales que su gubernatura prometía en el fondo las gentes recapacitan sobre la buena voluntad de su líder que si bien no ha conseguido una transformación completa ha conseguido movilizar ciertos cimientos del status quo e inspirar el empoderamiento de la población.

Trasladando este escenario a España por el rigor de la actualidad, pero también al resto del mundo, los líderes de este país tienen la oportunidad de constituir una revolución posible pero que pasa inexorablemente por priorizar el bien común.

Se sabe que el poder es trampa para agrandar los egos, creerse alguien en vez de representante de quienes han votado. Si Obama pudo tragarse el orgullo de más de 50 años y reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba nada debería ser imposible. Sólo es cuestión de colaborar y dejar de lado el fantasma de los dogmatismos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
Obama, una despedida por la puerta grande
Con la mano tendida
Juego político o responsabilidad moral

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