Siete lecciones antes de morir

Siete lecciones antes de morir

Algunas personas que estuvieron a punto de morir dicen que en ese estado crítico la vida pasa como una secuencia de imágenes que nos recuerda las experiencias acontecidas. Lo que es seguro que la mayoría en un estado óptimo de salud quiere seguir disfrutando de las bondades que nos ofrece esta existencia aún reconociendo sus innumerables obstáculos. La vida en sí misma es un grandioso desafío, un viaje que se camina cada día y exige lo mejor de nosotros.

Quizá uno de los secretos para disfrutar de sus vistas y la gentes que conocemos en cada parada sea interpretarla mucha veces como un juego dado a la improvisación y riesgo. Por algo el popular escritor estadounidense, Mark Twain, aconsejaba “Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, coge los vientos alisios. Explora. Sueña. Descubre”.

Con las preocupaciones cotidianas esta levedad muchas veces pasa desapercibida, sin embargo más que nunca hay que considérala. Como parte del ciclo de la vida mientras unos viven otros se enfrentan a su crucial muerte. Los que aquí nos quedemos hasta que llegue ese momento deberíamos alegráramos de nuestra buena suerte.

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Quienes bien lo saben son esos profesionales que se mueven en esa dualidad del ciclo como parte de su vocación, las manos amigas que ayudan con valentía a superar a los enfermos el tabú de su muerte. Es el caso de Mariana Jacobs, directora del equipo de Psico-Oncología del Instituto de Oncología del Hospital Alemán de Buenos Aires en Argentina, que en un sorprendente mensaje en el Facebook explica las siete lecciones que le enseñaron los pacientes antes de morir. Desde en Positivo recogemos sus valiosas palabras:

Numero uno. El Trabajo.

No importa lo grave que te parezca que es lo que pasa hoy en el trabajo; creeme que no lo es. 
Tu trabajo es lo que HACES, pero no es lo que ERES. Parece una obviedad, pero no lo es. Hacer identidad en el trabajo es una fuente asegurada de sufrimiento. 

Todo lo que sucede cuando salís del trabajo es lo que valoras cuando se acaba todo. Eso es lo único que realmente importa.
Nunca en todos los años que hace que acompaño personas a morir oí a alguien que me dijera que le daba pena morirse porque le hubiese gustado trabajar mas, ganar mas plata, o tener un mejor puesto en una empresa. Nunca. Ni una sola vez. Y me cuesta creer que alguien alguna vez lo haya dicho.

Con esto de ninguna manera quiero decir que el trabajo no importa. Aquel que se esforzó en su trabajo y lo disfrutó suele sentirse muy orgulloso de eso al final de su vida, pero lo que mis pacientes me transmiten una y mil veces es que lo que verdaderamente nos hace sentir vivos y plenos, lo que inclina la balanza, no es lo que pasa en el trabajo, no importa cuanto nos guste, no importa cuanta vocación tengamos. Lo que nos llevamos es lo que pasa cuando vuelves a casa.

No importa cuanto ganes o cuanto creas que necesitas. Cuando se acabe todo, vas a haber querido pasar mas tiempo en tu casa panza arriba mirando las estrellas, vas a desear haber pasado mas tiempo cenando con tus amigos y mas domingos con tus viejos. Vas a desear mas horas en la cama con tu pareja y mas tiempo jugando en el pasto con tus nietos.
El auto, la cantidad de empleados a tu cargo, las sucursales que abriste, el cuadro del empelado del mes y los metros cuadrados de tu casa te van a importar absolutamente nada.

Estamos a tiempo. Pongamos el foco en lo que verdaderamente importa.

Numero dos. Confórmate menos (también conocido como “escúchate más”). 

Es muy común que mis pacientes se arrepientan de haber sostenido situaciones (personales o de laburo) que no les hacían bien durante mucho tiempo.

Somos de aferrarnos, somos de aguantar, alargamos los procesos, nos justificamos o justificamos al otro o la situación. Nos cuesta patear tableros. Y cuando el tiempo que queda es poco, solemos lamentarnos del tiempo perdido.
Y no tengas dudas que el tiempo es lo mas valioso que tenemos. “me tendría que haber animado” No se porque no mandé todo a la mierda” “no se porque me banqué eso todos esos años, ” o “Pospuse lo que era importante para mi”.

Hay algo que no nos hace darnos cuenta de que ese tiempo no vuelve. Que es valiosísimo….es la vuelta de calesita que nos queda. No la desperdicies. Si hay algo que sentís con todo tu cuerpo que no te hace feliz no sigas aguantando. No importa el motivo te aseguro que te vas arrepentir. No te aguantes por miedo cambiar, ni por sostener una apariencia, ni por comodidad, por fiaca, ni por no ir en contra de la corriente.

Porque todo ese miedo y esa fiaca y esa zona de confort la terminas pagando carísima y cuando te das cuenta, ya es tarde.
Así que desmaleza, patea un par de tableros, quédate con lo bueno, lo que te hace bien, lo que te hace crecer, lo que te hace reír, lo que te hace sentirte interesado y curioso..y a vivir.

Numero Tres. No te quedes con cosas por decir.

De las cosas mas comunes que me encuentro diciendo a mis pacientes es “y esto que me estas contando…alguna vez se lo dijiste a el/ella? ” y es NO la respuesta lamentablemente mas frecuentemente. Algunas veces, con algo de suerte, estamos a tiempo para repararlo. En la mayoría de los casos no. Ese momento ya pasó.

Quien sea que teníamos algo para decirle que era importante se fue, o se murió, o ya no podemos contactarla. Ok. Ahora puedes. Y tal vez pienses que se te va a pasar o que no es tan importante o que si decís lo que tenés para decir alguien se va a ofender o temes su reacción o no te animas a quedar tan expuesto….bla bla bla. Me toca decirte que es probable que te acuerdes de eso mas adelante y te arrepientas. Lo oigo todo el tiempo, créeme. Decí lo que tengas para decir.

Numero Cuatro. Perdona ya mismo a todo el mundo. Y basta. 

Te estafaron? Te metieron los cuernos? Te mintieron? Te maltrataron? Perdónalos a todos. Ya está.
No estoy diciendo que te tenés que abrazar con el tipo que te faltó el respeto o la mujer que no te cuidó. No estoy diciendo que tenés que dejar pasar todo. Lo que digo es que lo tienes que soltar. De lo contrario, es como ir en un tren cargando una mochila llena de ladrillos en la espalda. Yo solo te digo que vas a viajar mejor si en vez de cargarla, la apoyas en el piso. Lo que te pasó es parte de tu historia pero no lo cargues más.

Mis pacientes me dicen “creo que me enfermó la bronca que me dio lo que me hicieron” “estuve tan triste y tan angustiada por lo que me hicieron que creo que me terminé enfermando por eso, o pase años angustiado por lo que me hicieron, perdí una década amargado en vez de disfrutar de lo que tenía.”

Guardar rencor enferma (no lo digo yo, lo dicen ellos). Yo creo que la gente se enferma por muchas cosas. No creo que sea la angustia la causa de todas las enfermedades. El mundo esta lleno de deprimidos saludables, pero lo que creo que lo que mis pacientes me intentan decir es que el no haber podido soltar algo doloroso que les pasó, les hizo daño.
Por eso déjalo ir. Déjalo ser. Perdona a quien tengas que perdonar. Por vos, no por ellos. Aunque no te lo pidan. Todos tenemos alguien que nos hizo daño, alguna cicatriz.. Apoyemos la mochila en el piso y miremos por la ventana, porque el tren sigue viaje.
(y como dice Charly “es mejor no estar atado a nada”)

Numero Cinco. Di gracias. Todos los días. Todos los días. Si, los 365. 
De las cosas mas comunes que oigo son : “no me daba cuenta todo lo que tenia.. vivía pendiente de lo que me faltaba y no me daba cuenta de todo lo que tenia ” o también (y creo que es la frase que mas oí de todos mis pacientes en todos estos años) “ me quejaba todo el tiempo por pavadas y ahora me doy cuenta de lo afortunado que era….” .

También es muy común oírlo en relación a la familia. “recibí miles de cosas de mis viejos y me doy cuenta de nunca les dije realmente gracias”, “mi mujer/mi marido/mi hermana me acompañó en miles de cosas y creo que nunca se lo agradecí como se lo merecía”.

Resumen: Tienes tu salud, di gracias. Tienes una familia, di gracias. Tienes un techo y agua potable, di gracias. Tienes trabajo y comida, dei gracias. tienes piernas que te llevan donde quieres ir, una genialidad, di gracias. Tienes a alguien, aunque sea una sola persona, para la quien eres importante, di gracias. Pudiste ir a la escuela, di gracias. Hoy a la mañana te levantaste y no te dolía nada, di  gracias. Abriste los ojos a la mañana?…di gracias.
Todos los días, cuando te levantes…..Gracias.

Numero Seis. (ok, una difícil)
No puedo aconsejarles que recen ni que tengan Fe. Nadie puede hacer eso por consejo. No se le puede decir a alguien que Crea en Algo… porque la espiritualidad pertenece a una esfera de la vida que no puede seguirse como un manual.

Yo solo puedo decirles que en mi experiencia de acompañar en el final, el tener una experiencia de Dios, o alguna relación con lo Sagrado, o con algo que concibamos como más importante y más grande y amplio que todos nosotros y todo el universo, hace toda la diferencia.

Tal vez sea porque el haber cultivado alguna relación con algo mas trascendente que nosotros, algo mas importante que todo lo que hacemos y lo lo que somos, nos da la posibilidad de entender con el corazón que nada de lo que creemos que somos se termina realmente.

Esa conexión con el “todo” puede tener muchos modos de expresarse. Puede que sea por medio de la religión, o la practica de la meditación o alguna filosofía o por el respeto profundo de la naturaleza o el silencio. Creo que son todos caminos diferentes pero igualmente válidos. Es solo cuestión de encontrar cual es el propio, y seguirlo.

Numero Siete. 
Cierro con una que es mucho mas cursi de lo que gustaría ser, pero tal vez sea la mas importante de todas.
Hay una canción muy buena que lo dice: “…messure in Love” (algo así como medí en amor) medí que? La vida. El peso especifico de la vida se mide así. Es absolutamente cierto. Hace años que lo compruebo, en cada una de las vidas que he tenido el honor de acompañar en su cierre.
Haz lo que tenas que hacer, pero asegúrate dar y recibir todo el amor que puedas. En todas las formas que puedas. En el rol que tengas, como madre, padre, hija, tía, sobrino, abuelo, amigo. Cuida con amor a alguien, y a algo, un cactus, a tu perro, o a la naturaleza en general. Dar y recibir.

Y si lo pienso, todo lo que me enseñan mis pacientes son distintas versiones de esto mismo:
Oírse, escucharse a uno mismo es amarse. Pasar tiempo con quienes uno ama, es amar. Ser agradecido es sentirse amado y en el gracias estamos amando a quien nos da. Perdonar es ver en el otro su limitación y lograr tocar esa limitación con compasión. Perdonarse a uno mismo, es una importantísima forma de amor.
En el fondo…..es tan simple. Así de simple. Eso me enseñan mis pacientes. Así vamos a medir la vida. Así vamos a poner las cosas en la balanza.

En resumidas cuentas, para morirse bien, es importante vivir bien. Hace poco un paciente muy querido me dijo antes de morir “trabajé tantos años para que mi vida sea maravillosa… que ahora que me tengo que ir, me da pena dejarla…me salió tan linda….” 
Hicimos silencio un rato contemplando su vida juntos, sentados en ese misterio…..y me dijo “Lo hice bien. Valió la pena cada minuto”.

Eso es señores, a vivir.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

Leer más: 
Las manos que dan paz a las personas que mueren

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