Postcapitalismo, un futuro más justo y solidario

Postcapitalismo, un futuro más justo y solidario

Justo en época de crisis se han cuestionado muchos cimientos antes inquebrantables aunque solo fuera por inercia. En este punto la crítica al capitalismo como sistema predominante ha sido una tónica recurrente de voces expertas como el economista Thomas Piketty a la cabeza.

Los hay que  con lógica tampoco quieren desdeñar por completo las bases del capitalismo pero dentro de un juego de equilibrios que no alcance niveles desmedidos. Este es el punto de partida del periodista británico Paul Mason en su libro Postcapitalismo, hacia un nuevo futuro (Editorial Paidós) en una crítica y halago en partes hacia un sistema que debe en cualquier caso ser transformado en algo nuevo.

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Porque Mason reconoce que el capitalismo ha propiciado la época de desarrollo jamás vista pero a su vez reprocha el inmovilismo del que ha hecho gala “Es el momento de que las élites, tanto económicas como académicas, se pregunten si de verdad funciona el neoliberalismo. Si lo hacen, la respuesta será obvia: un no rotundo”.

Mason hace propias las ideas de un economista en plena actualidad como el estadounidense Jeremy Rifkin, que también en su libro  La sociedad de coste marginal cero (Paidós, 2014) predecía un mundo en el que los modelos de trabajo serían muy distintos a los que conocemos ahora y productos y servicios casi gratuitos.

En un paso más allá Mason cree en el Postcapitalismo como un modelo “más justo y solidario” que se conecta con la realidad y la abundancia tecnológica de los últimos años.

A su vez pone en valor lo colaborativo en detrimento de las empresas “Estamos ante una disyuntiva clara: un modelo colaborativo o un futuro distópico, una especie de feudalismo tecnológico en el que se multiplicaría la desigualdad” explica.

Pero si en algún momento triunfa ese sistema colaborativo la sociedad tendrá que dejar de priorizar las costumbres consumistas, aunque sin alarmismo, esto no implica su oposición al mercado “No hay ninguna razón para abolirlo por decreto siempre y cuando se acabe con los desequilibrios de poder básicos”.

Otro de sus planteamientos es que la frontera de la propiedad y el trabajo se difumina —como también lo hace la que separan trabajo y salario—, pero el papel del “Estado progresista” como alude frecuentemente es imprescindible como promotor colaborativo.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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