Con la mano tendida.

Con la mano tendida.

Dice el refranero que “dos no pelean si uno no quiere” de igual forma podemos introducir la variación en sentido contrario diciendo que dos no se reconcilian, ni dialogan si uno no quiere. Este es el callejón sin salida al que se enfrenta la actual política española ante el fracaso en segundo intento del líder socialista, Pedro Sánchez, en su investidura.
Los 131 escaños cosechados sumando sus noventa escaños a los cuarenta en alianza con el partido centrista Ciudadanos y uno en la circunscripción de Coalición Canaria no han sido suficientes frente a los 219 en contra. Aún lejos de una mayoría suficiente en una suerte de ironía del destino se unieron en el voto del “NO” el conservador Partido Popular y el izquierdista Podemos.

Agotadas de momento las opciones de investidura los partidos del hemiciclo tienen 2 meses por delante para reorganizarse, reflexionar y avenirse si lo consideran a las buenas. Queda ver si por el camino no se agotará también la paciencia de los ciudadanos pasados más de 70 días de sin gobierno.

Por algo explicaba en viñeta el humorista gráfico Antonio Fraguas, más conocido como Forges que en una reciente entrevista televisiva apelaba con su habitual crítica “En la investidura: los Soberanismos, Soberbianismos y Sobradorismos…Y pasa lo que pasa” rezaba tal cual su viñeta.

Con un hemiciclo repartido como nunca donde nadie puede imponer – si eso quisieran los llamados demócratas – su opinión, ni ideología. No le falta la razón al fallido investido Pedro Sánchez cuando para conformar un gobierno se necesitará el apoyo de varias fuerzas políticas con ideologías diferenciadas.

Y precisamente de forma equilibrada los ciudadanos han llamado con su voto al diálogo entre distintos bajo un mismo punto común de cambiar las cosas y propiciar las reformas necesarias que necesita este país.

Quizá ese cambio no resulte del todo cómodo para los más pendientes de sillones, de acaparar poder y portadas pensando en su estrategia táctica de cara a unas futuras elecciones. Los hay que no quieren cambiar nada y los hay que lo quieren cambiar todo para no cambiar nada, en la forma que no en el fondo.

Los ciudadanos ya asumieron su responsabilidad ahora es el turno ineludible de los políticos. Considerando la vocación de los políticos que no es otra que servir a los ciudadanos éstos deberían encontrar más satisfacción en propiciar el bienestar del resto que el propio.

Si ni tan siquiera los partidos pueden personalizar su discurso en una única figura mucho menos cuando en un congreso de los diputados conviven tan diferenciadas ideologías. Una sociedad plural, nada uniforme y muchas veces contradictoria donde los egos se diluyen entre opiniones múltiples.

Con la mano tendida al pacto los políticos tienen la obligación moral de propiciar esas alianzas buscando en esta ocasión el mínimo común denominar y no los máximos.

Posiblemente hablamos de una legislatura en España corta pero decisiva a la hora de abordar las reformas oportunas. Roma no se construyó en un día, hace falta paciencia y alturas de mira. Sobre todo voluntad política.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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