Juego político o responsabilidad moral.

Juego político o responsabilidad moral.

En España todo está en juego. El partido no está cerrado sino más abierto que nunca y parece que habrá prórroga, e incluso penaltis. Es la sensación de incertidumbre que se respira a tenor de los últimos movimientos políticos en este país, de momento más pendientes del tacticismo que de jugar verdaderamente y emplear el fair play.

Después de que Mariano Rajoy, actual presidente del Gobierno en funciones quien recibió en primera instancia el encargo del rey Felipe VI de formar gobierno, sorprendiera a todos con el quiebro de no aceptar su propuesta por no sumar entonces suficientes apoyos – según su argumentación – es el turno del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. En este caso sí que ha aceptado la difícil empresa de formar un gobierno medianamente estable, todo pese obtener 90 escaños.

Pero cabe recordar – aunque algunos todavía no lo asuman – que en España no gana quien consiga mayor número de votos sino quien puede formar una mayoría parlamentaria traducida en 176 escaños. En este sentido, Pedro Sánchez a priori parece concitar algo más de consenso con la posibilidad de sumar apoyos transversales bajo un mínimo denominador común y así iniciar la gubernatura, que en esta ocasión es catalogada de forma especial como una “segunda transición”. Se trata de un periodo en el que este país quiere profundizar en su democracia, y para ello abordar las reformas necesarias.

Dentro de este complejo contexto se han hecho varias interpretaciones acerca de unos parejos resultados electorales donde nadie goza de mayorías y está obligado a pactar no con uno sino varios partidos políticos.

En este caso si algo es seguro es que los ciudadanos demandan un necesario diálogo y asociación entre las diferentes fuerzas.

Sabiendo que nadie tiene el beneplácito de la verdad absoluta – ni aun cuando los votos supusieran un respaldo mayor – toca remar en la misma dirección sin imposiciones programáticas ni personales. Por supuesto respetando las reglas del juego como la iniciativa que tiene ahora Pedro Sánchez, aunque se da ya por sentando.

Mientras que unos sí se ajustan en un primer momento a ese talante dialogante en medio de negociaciones como Izquierda Unida, Ciudadanos, Compromís o PNV; otros parecen más enrocados en el inmovilismo que ellos mismos critican.

Las llamadas fuerzas del cambio tienen la obligación moral de mostrarse como tal, y facilitar por ende esos cambios, aunque suponga el sacrificio de intereses particulares.

En este sentido Podemos ha demostrado la capacidad de ejercer una férrea oposición que se suele vincular a la crítica y reprobación, pero aún está por demostrar la virtud que se presupone a cualquier gobernación más propia de un sentido constructivo.

Quizá sea cierto aquello de que los extremos se tocan, pero por suerte queda tiempo para rectificar ciertas posturas inyectando más dosis de humildad. Posiblemente habrá que esperar hasta el último minuto para su desenlace y ver por qué no alguna genialidad emulando al mejor Messi. Para eso se necesita creatividad y talla, en este caso política.

Pero a diferencia del fútbol la política no es un juego ni los ciudadanos son la pelota. Hablamos de responsabilidad pues con los consensos ganamos todos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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Dialogar y construir juntos
Dueños de la verdad, sobran

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