Denuncia de la manipulación periodística.

Denuncia de la manipulación periodística.

A veces difícil discernir el grado de objetividad de la noticia valorando la participación de otros agentes que tienen más o menos que ver con la claves de este oficio (posicionamiento ideológico, financiación detrás del medio en sí…). Considerando estos factores, y sabiendo de su existencia, la audiencia puede tener clara la orientación de ciertos artículos aún siendo parcialmente sesgados, pero coherentes con la línea editorial que promulga. 

Pero la lectura de cualquier noticia se complica si en grado sumo afecta a otro nivel la influencia del stablishment o grupos de poder, entonces los mensajes son todavía más velados. Un claro ejemplo son los casos de filtración de información de la todopoderosa EE.UU donde se denunciaban ciertas prácticas cuestionables. Contrariamente a lo que se podría pensar de los medios existe un nivel de equidistancia que equiparaba el chivo y su valor de denuncia frente al delito. 

Tal y como explica en esta opinión para La Vanguardia el periodista y escritor español, Gregorio Morán, el periodista nunca deber perder su condición crítica del poder venga de donde venga. Y nunca jugar a la manipulación malintencionada de aquellos que nos otorgan la credibilidad. 

Curso de manipulación periodística. 
Hay que aprender a leer periódicos. Exige tiempo, atención y cierta agudeza. De ahí el éxito de la televisión; no necesita nada. Uno se planta ante la pantalla, se sienta en la butaca y soporta lo que le echen. El diario es otra cosa.

Exige saber leer, y aunque a alguno le parezca un atrevimiento, la mayoría de la gente no sabe leer más allá de un titular. Antes se decía un titular y el pie de foto, pero como llegaron los modernos diseñadores, se han complicado las cosas y ahora usted tiene que buscar como perro ansioso dónde se le ha ocurrido al genio poner los pies de foto.

(…)

Estamos viviendo desde hace años una de las operaciones de manipulación periodística digna de un manual. Tiene tres nombres principales: Manning, Snowden y Assange. Los dos primeros, informáticos de diversos departamentos de Estados Unidos, y el último, australiano y creador de medios alternativos en el mundo de las redes. Así nació Wiki­leaks, filtrador de información política considerada secreta.

Confieso que el que más me impresiona es el soldado Manning, experto en todo lo que se refiere a ordenadores de alta seguridad del Departamento de Estado. Es probable que un informático dedicado a la información secreta del imperio más poderoso de la Tierra no debe caer en la tentación de ­leer los correos.

(…)

Para el soldado Manning no hubo director cinematográfico que gritara “hay que salvar al soldado Manning”. Era un “traidor” y además medio mariquita, eso que las castas militares, más inclinadas a la sodomía y alérgicas a los destapes y salidas del armario, le metieron en un lío de psicólogos del que salió el tal Manning, soldado informático, debelador de la basura acumulada durante años por el poder imperial, convertido en una señora que desde abril del 2014 se llama, para satisfacción de los poderes castrenses, Chelsea Elizabeth.

El segundo en importancia es Snowden, Edward, 32 años, otro que descubrió que se puede ser informático y sicario a las órdenes del Estado más democrático de la Tierra, Estados Unidos. Se hizo budista y buscó un lugar donde retirarse, cosa nada fácil tratándose de un guardador de secretos del Estado norteamericano. Reside provisionalmente en el único sitio donde le ofrecieron una cama, y era un aeropuerto. En Rusia, más protegido, imagino, que un obispo ortodoxo. Y aunque ustedes no lo sepan porque a veces no leen la letra pequeña de los diarios, a él se debe la última filtración: Gran Bretaña y EE.UU. montaron una base secreta en Chipre para controlar todos los movimientos de la aviación israelí, su aliado, amigo y socio en las operaciones de desestabilización de la zona. Esto venía ocurriendo desde 1998, pero sin Edward Snowden no nos hubiéramos enterado. Una lección periodística: los aliados nunca ejercen de amigos, son cómplices.

El caso Assange formará parte sin duda de nuestra gran historia cuando alguien la escriba y sepa librarse de que le vuelen la cabeza o lo atropelle un coche que se dio a la fuga. Julian Assange lleva tres años y medio metido en una sala de la embajada de Ecuador en Gran Bretaña por un motivo que haría las delicias del penalista más cualificado.

Julian Assange es el responsable de Wikileaks y goteador de información secreta de Estados Unidos, en la que queda demostrado el carácter criminal del poder del imperio, sus manipulaciones, sus interioridades, sus conexiones con las colonias; España, por ejemplo. Porque no se pueden sustraer al crimen de Estado, pero exigen que su imagen sea la de una oenegé. Las filtraciones de los informáticos que han llegado a Wikileaks han destrozado la fachada del imperio de la democracia y la justicia. No les bastó con Guantánamo, y esperan de semana en semana una nueva filtración que les desenmascare.

Detrás de la peripecia de Assange, australiano de 44, dos hijos, hay una película que con toda seguridad no hará Hollywood, a menos que le maten y sea más fácil la manipulación de su trayectoria. Los servicios norteamericanos, vinculados desde años con Suecia –aquella Suecia de Olof Palme que acogía a desertores de la guerra de Vietnam se acabó, entre otras cosas, porque lo asesinaron, sin móvil conocido ni ejecutor detectado–, están esperando que le traigan a Estocolmo para ser juz­gado por “dos polvos y dos mitades”, disfrutados sin demasiado éxito al parecer con dos ciudadanas suecas.

(…)

Pero vayamos al meollo de la manipulación. ¿Se imaginan que Julian Assange, el de los dos polvos suecos con dos mitades discutidas, en vez de estar asilado en la embajada de Ecuador en Gran Bretaña, hubiera sido al revés? Asilado en la embajada de Gran Bretaña en Ecuador por opositor al Gobierno. Si hoy lleva tres años y medio, de seguro no hubiera pasado ni medio, porque tendríamos la campaña mediática más desaforada que se pudieran imaginar.

La reciente declaración de las Naciones Unidas sobre el carácter de Detención Arbitraria de Assange ha generado los comentarios más surrealistas en nuestra prensa amiga. Pero aprendan a leer pe­riódicos. Fíjense en las fotografías que se han insertado en la información. Una obra de arte de la manipulación y el despecho hacia un tipo que está haciendo una labor cívica que los miserables que se dedican a lamer el trasero del poder con sus comentarios –recuerdo uno, de un presunto filósofo de Girona, que sostenía que las informaciones de Wikileaks eran dignas de Mortadelo y Filemón– jamás osarían ni siquiera su­gerir.

(…)

Artículo completo: La Vanguardia

Gregorio Morán
Periodista y escritor español 

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