lunes, 06 febrero 2023

Practicar deporte como arma para prevenir el cáncer

El cáncer es una de las enfermedades más presentes en la actualidad. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “el cáncer es una de las primeras causas de muerte a nivel mundial” y apunta que “en 2012 se le atribuyeron 8, 2 millones de muertes”.

Pese a estas cifras, cada vez son más los estudios que indican que el deporte puede ser un gran aliado para luchar contra esta enfermedad. Algunos estudios exponen que el ejercicio puede tener un efecto protector frente a cuatro tipo de cánceres, como mínimo: de mama (especialmente postmenopáusico), de colon, de endometrio (útero) y algunos tipos de cáncer gastrointestinar superior.

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De hecho, la propia OMS afirma que “aproximadamente un 30% de las muertes por cáncer se deben a cinco factores de riesgo comportamentales y alimentarios: índice de masa corporal elevado, consumo insuficiente de frutas y verduras, falta de actividad física y consumo de tabaco y de alcohol; y, por lo tanto, pueden prevenirse”.

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) explica que llevar una vida activa tiene efectos positivos en las personas que están recibiendo tratamientos oncológicos. En concreto, varios estudios demuestran que los síntomas como náuseas, astenia (sensación de cansancio), alteraciones en el sueño, dolor, ansiedad o depresión pueden mejorar de forma notable gracias a la práctica de ejercicio aeróbico.

Denny Levitt, especialista en medicina intensiva y perioperatoria, explica a la BBC que las personas que están en buena forma física tienen más posibilidades de soportar las terapias contra el cáncer. En este sentido, tienen una mayor tolerancia a la quimioterapia y sufren efectos secundarios menos dañinos.

Además, la AECC también señala que los tratamientos oncológicos pueden provocar un aumento de peso, por lo que seguir una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico moderado pueden ayudar a evitarlo.

Pero el deporte no es solo beneficioso durante los tratamientos, sino que también es importante a posteriori. Muchos estudios demuestran que realizar ejercicio físico a diario mejora la salud y la calidad de vida de las personas tratadas por esta enfermedad, “ya que permite reducir el cansancio, incrementar la fuerza muscular y además tiene efectos psicológicos positivos porque disminuye la ansiedad y la depresión”.

Así pues, la OMS indica que lo ideal sería realizar alrededor de 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana. Esto sería, por ejemplo, caminar a paso rápido o dar una vuelta en bicicleta durante 30 minutos al día, cinco días a la semana. En cambio, si se opta por la práctica de ejercicio de alta intensidad es suficiente con 75 minutos a la semana.

Judit Larios
Redacción

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