La esperanza de una mejor España.

La esperanza de una mejor España.

Echando la vista atrás y de forma inevitable España vive ciertos paralelismos en su historia. Aquel 15 de junio de 1977 por primera vez tras el régimen franquista los españoles pudieron elegir democráticamente a sus representantes, pero por encima de todo el conjunto de los ciudadanos como protagonistas. Si bien hoy ya está instaurado por tiempo la democracia también es cierto que existe una evocación sentimental a esa cita. Hay evidencias para ello.

Es una época de inicios cuando prima la ilusión por una nueva época democrática dejando atrás hacer política desvirtuada en el tiempo tanto en contenido como estilo.

Aunque en la transición ciertas figuras como Dolores Ibárruri, Tierno Galván, Gutiérrez Mellado o Tarradellas todavía gozaron de una predominancia, su brillo se fue apagando en favor de nuevos y jóvenes rostros que simbolizaban las aspiraciones de esas generaciones por entonces deseosas de cambio.

Adolfo Suárez se convertiría como hombre de la “convivencia” en ese primer presidente democrático que cabe recordar huyó del estatismo impulsando notables reformas en la política, legalización de partidos y sindicatos, la Ley de Reforma Política – que ahora se invita reactualizar- aprobación del IRPF y Estatutos de preautonomía de Cataluña, País Vasco y Galicia, entre otras reformas. Hubo otros actores que aún en un papel secundario supieron incentivar esa transformación mientras que algunos nuevos políticos ya empezaban a despuntar.

Hoy igual que ayer, pese a las resistencias, el pueblo empuja hacia una segunda transición en la que todos partidos están llamados a profundizar en los cambios, aún cuando uno tenga alguna ventaja sobre los otros y se alce victorioso.

Los tiempos actuales necesitan de una revisión sabiendo que el contexto ha cambiado, existe una sociedad moderna, más plural y abierta.

Hoy igual que ayer los rostros de la política cambian, emergen otros y los anteriores comprenden que toca pasar página, no sin antes agradecer una labor con sus luces y sombras, contribuyendo desde distintas perspectivas al funcionamiento del país. También los partidos que ahora se llaman viejos pueden contradecir ese calificativo, tienen una inmejorable la oportunidad de refundarse y dejar atrás sus fantasmas.

Con más escenificación y buenas dosis de espectáculo pero conservando ese mensaje de esperanza, los candidatos saben ante las urnas que el 20 diciembre marca un punto de inflexión, que las luces y ruido solo es parte del aderezo y que lo que de verdad importa es el voto de la gente. Esas elecciones de 1977 que consiguieron movilizar un 78.83% del electorado esperan al menos repetir números parecidos.

Hoy igual que ayer las promesas de una España mejor se mantienen intactas.

Ahora es el turno de los políticos para que hagan honor a sus antecesores, demuestren la misma altura política por encima de intereses partidistas y lo que es más importante, respondan acorde a la confianza en ellos depositada.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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