Una nueva ola democrática.

Una nueva ola democrática.

Argentina pone fin a sus últimos días de kirchnerismo con sus luces y no menos sombras. El recién electo Mauricio Macri ha roto el hechizo de algo que parecía imposible, por primera vez en mucho tiempo no figurará el apellido Kirchner.

Porque Argentina ha demostrado que sigue y seguirá existiendo muy por encima de los nombres. Nada se acaba, todo pasa y ahora comienza un ciclo de nuevas esperanzas.

Precisamente la sensación generalizada, y a razón de los resultados, es que la alternancia política se hace necesaria para nuestra sana democracia.

Guste más o menos Macri se perfila a priori como garante de una gestión solvente al igual que lo hizo en el sector empresario y en el ámbito deportivo. Polivalencia y ambición para llevar a Argentina a sus cuotas más altas e intentar resolver problemas de base como el fraude o corrupción.

Argentina marca el camino de la regeneración incluso en un contexto muy arraigado en determinadas prácticas, y este puede dar algunas pistas de lo que nos espera en otros escenarios diferentes pero hermanados en sus raíces.

Ya lo hizo una Grecia contra las cuerdas librando su particular epopeya que pese a la frustración transitoria alcanzó un acuerdo de mínimos con la UE obligada también a ceder al igual que los poderes económicos. Por el momento el país heleno sigue su curso y ya realizó todas las reformas contempladas en un primer paquete de medidas acordadas con sus acreedores de la zona euro, lo que facilita para que Atenas reciba el próximo tramo de préstamos.

Las próximas semanas se estiman cruciales para el devenir de una parte del mundo hispano siguiendo la senda de un año de profundos cambios que están dando sus frutos.

Lo veremos el 6 de diciembre en unas elecciones en Venezuela que para muchos representan mucho más que una ilusión, sino la esperanza y futuro de un rico país desdibujado en los últimos tiempos en escándalos de toda índole.

También una España que vivirá el 20 de diciembre unas emocionantes elecciones como hace tiempo no se recordaban y donde los ciudadanos pueden decantar su voto en los últimos instantes frente un panorama plural y abierto a múltiples combinaciones.

Si antes el miedo era una palabra recurrente hoy se empequeñece frente al auge de otros valores, el deseo y la pasión por cambiar las cosas y la certeza de que esa profunda transformación es posible.

Pese a las dificultades coyunturales, las preocupaciones lógicas de quien sabe aún faltan por resolverse problemas, vencen las ganas por participar con voz y voto en esta nueva ola democrática.

Jorge Dobner

Editor
En Positivo

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