La perversión del pasado para no afrontar el futuro.

La perversión del pasado para no afrontar el futuro.

descarga Con motivo de las recientes declaraciones del primer ministro de Israel, Benjamin  Netanyahu, que afirmó que detrás del Holocausto estuvieron los palestinos, pues en  realidad Adolf Hitler no quería eliminarlos; ha provocado con razón la polémica.  Tal y como explica el escritor y ensayista israelí David Grossman es hora de dejar  la postura de víctima basada en la subversión de hechos del pasado y afrontar el futuro con apertura y sin rencor a las negociaciones. 

Los ojos bien cerrados. 
En las últimas semanas, de forma repentina, dos errores de Benjamín Netanyahu se han fundido en una amenaza nueva y peligrosa. Uno, casi monstruoso —la declaración sobre el muftí y Hitler—, y el otro, un pequeño tropiezo, casi cómico: los prismáticos con los que pretendía inspeccionar la región fronteriza de Gaza y a los que no quitó la tapa.

De pronto, todo se volvió tangible: cualquiera, en Israel y en el extranjero, pudo ver cómo, a la hora de la verdad, Netanyahu solo mira hacia adentro, a sí mismo. Cualquiera que escuchara su discurso sobre Hitler y el muftí —en el que prácticamente absolvió a Hitler de haber diseñado la idea de la solución final y atribuyó la responsabilidad al líder árabe Haj Amin al Husseini— pudo distinguir, libre de obstáculos, las cosas que ve Netanyahu dentro de sí mismo: el dispositivo casi mecánico que, con una rápida voltereta mental, le permite borrar los hechos para convertir rápidamente la ocupación y la opresión en persecución y victimismo.

(…)

Israel es un país de refugiados que huyeron de un terrible desastre, un país golpeado por el trauma: el trauma de la historia judía, el trauma del Holocausto y el trauma de las guerras frecuentes. Hasta cierto punto, muchos somos impotentes frente a las sofisticadas manipulaciones del primer ministro. Muchos tenemos también dificultades para distinguir entre los peligros reales de hoy y los ecos del pasado que aún rugen en nuestros oídos.

(…)

No puedo explorar las profundidades del alma de Netanyahu. No sé si ejerce el cinismo y la manipulación o actúa por fe y convicción. Es muy posible que, para él, lo que comenzó siendo manipulación se haya transformado en verdad. A veces, las maniobras acaban envolviendo a quien las instigó.

Esto que escribo aquí no pretende quitar importancia a los peligros que amenazan a Israel. Irán, Al Qaeda, el EI, Hamás, Hezbolá, los cuchillos de la Tercera Intifada y el odio a Israel en los territorios árabes, así como la enorme fragilidad de Oriente Próximo, son reales, y debemos tener los ojos bien abiertos ante ellos.

Pero quien solo vea estos peligros terminará por caer en ellos. Quien recorre de forma automática y repetitiva el eje del ejercicio del poder y el ejercicio de más poder acaba siendo víctima de un poder más contundente que el suyo.

El horizonte de nuestras vidas ofrece otras posibilidades, cierto margen de maniobra e iniciativa. Por ejemplo: la cooperación contra el islam radical con Estados con los que compartimos intereses, como Egipto, Arabia Saudí y Jordania.

O un giro en nuestra relación con los palestinos, la reanudación de las negociaciones, esta vez con el propósito sincero de alcanzar un acuerdo (cuyas cláusulas conocen todos los israelíes y palestinos razonables). Este paso contribuiría además a reparar otro frente distinto y en pleno derrumbe: el prestigio internacional de Israel.

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Traducción del inglés de María Luisa Rodríguez Tapia

Artículo completo: El País 

David Grossman
Escritor y ensayista israelí