Ofrecer soluciones.

Ofrecer soluciones.

El espíritu crítico nace de aquel que piensa y que cuestiona según su interpretación,  el status quo y naturaleza del mundo que le rodea. Es un ejercicio de libertad porque desde la individualidad se desafía la existencia de un pensamiento único solo aceptado por las masas ovejiles. La crítica también puede ser cambiante según las circunstancias al igual que girando el calidoscopio aparecen ante nuestros ojos imágenes diferentes.

Pero la ignorancia es atrevida si nuestra crítica no se fundamenta. En algunas se aprecia más inquina que el deseo de remover conciencias o restituir el daño, cualidad que diferencia aquella perniciosa de la constructiva. Nadie niega que durante estos tiempos convulsos la crítica social ha sido clave para poner al stablishment entre las cuerdas obligando a una transformación transversal de estructuras y también a la misma sociedad salir de la madriguera.

Pero una vez una vez hecho el cuestionamiento existencial hay que dar respuestas, continuar sin suspenso tras el signo de interrogación. Por algo se dice que es más fácil criticar que proponer. Es hora de bajar las lanzas y arrimar el hombro.

Después del examen de conciencia, reconocer los errores cometidos, los problemas del mundo que son los nuestros, de todos, necesitan acción, invención, genio, en definitiva soluciones.

Una actitud que debería integrar el ideario de los medios de comunicación, lo que implica irremediablemente un cambio de enfoque.

El periodismo de soluciones emplea las mismas habilidades y juicio periodístico como cualquier buena historia, excepto que en este caso que se está informando sobre una respuesta a un problema. Tiende a profundizar en el “cómo”.

Pese al cambio del escenario hay que apelar con más fuerza si cabe por la conciencia de no alertar. Por ejemplo el brote del ébola en África Occidental y afectación a otros países evidenció en su comunicación que necesitamos de mejores herramientas y voluntad para no desvirtuar los acontecimientos. En vez de infundir el miedo por qué no empoderar al ciudadano para que tome las medidas preventivas necesarias en una situación de riesgo.

Qué ganamos al no dar cabida a las alternativas – que las hay – si ya estamos renunciando a la esperanza.

Los medios no tendríamos que marcar sentencias porque no hay verdades absolutas y más si aparecen positivos indicios intentemos dar alas.

Haciendo justicia el mundo no pinta tan mal, estamos en un proceso de plena transformación que promete germinar grandes cosas.

Si nuestros antepasados levantaran la cabeza cuánto agradecerían los avances y grado de libertad que hoy disfrutamos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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