El turno es nuestro.

El turno es nuestro.

Da igual un voto más o menos. Hasta hace poco ese era el pensamiento descubierto de unos ciudadanos hastiados de sus políticos a causa de la poca o nula identificación con sus políticas. Durante mucho tiempo nos han inculcado que el abstencionismo es malo pero a la hora de la verdad el mensaje no llega. Basta mirar las cifras de participación considerando un 60 % más que aceptable y el 80 % una utopía.

El comportamiento de los votantes se vuelve predecible según los cálculos de los expertos: los votantes convencidos madrugan para no faltar a la cita mientras que sus antagónicos abstencionistas ni tan siquiera lo contemplan. Algunos rezagados, escépticos votantes pero con mala conciencia deciden redimirse a última hora no por convicción sino como penitencia. Sin embargo y aún a desgana esos últimos votos son los que pueden declinar la balanza.

Si atendemos que el humor (bueno o malo) es contagioso el contexto vivido durante estos años de crisis no ha resultado el mejor revulsivo para levantar del sillón a los votantes potenciales. Pero aparte de esta evidencia no es menos cierto que nuestros representantes han tardado en ofrecer verdaderos estímulos.

Hoy por el contrario, y aunque todavía queda recorrido, el contexto y las sensaciones son muy distintas. La emoción está en la calle, se respira optimismo sabiendo que nuestra voz es más respetada.

Los ciudadanos estamos haciendo historia aún sin saberlo. Desde el futuro posiblemente entonces reconozcan que vivimos una época decisiva comparable con otras como fue el mayo del 68 o – sin llegar la sangre al río – con la propia revolución francesa.

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Podemos decir sin equivocarnos que la democracia alcanza su clímax. En Europa se rompe la dicotomía dominante de los conservadores y socialdemócratas irrumpiendo nuevas fuerzas progresistas (Podemos en España, Syriza en Grecia, Jeremy Corbyn como candidato laborista en Reino Unido) mientras que en América Latina viven una eclosión participativa mostrando conquistas de derechos en las últimas décadas. Incluso África tantas veces olvidada se encuentra en un punto de inflexión (Senegal avanza en igualdad en todos los niveles, Mozambique despenaliza la homosexualidad etc.)

Se han unido los intereses autonómicos, municipales, nacionales y principalmente de los ciudadanos en un contexto especial donde éstos últimos han adquirido el poder real lejos del establishment.

Superamos la fase de la indignación, rebelión de las masas contra la injusticia social que aún sigue presente de forma escalonada alrededor del mundo frente a determinados hechos: falta de seguridad y libertad en Venezuela, crisis de inmigrantes en Europa, elecciones decisivas en Argentina y por primera vez la presidenta de Brasil Dilma Rousseff en la cuerda floja.

Pero además de ocupar las plazas llega el momento de ocupar nuestro lugar democrático eligiendo a los representantes que den voz a nuestras voluntades. Lo que antes se ganaba con golpes de estados u otras formas violentas hoy podemos ganarlos a través de las urnas.

Los políticos se enfrentan al examen de los ciudadanos. Los días de reflexión previa servirán para hacer balance de este curso valorando las responsabilidades que hemos asumido con tanto esfuerzo.

De nada sirve el trabajo realizado hasta ahora si no avalamos las muchas victorias conseguidas hasta ahora.

Valorando la ventaja de tener más alternativas encima de la mesa hay que votar a quien sea pero con responsabilidad, sabiendo que dejamos de ser autómatas para actuar como protagonistas.

En unos momentos cuando se traslada el mensaje de seducir al votante como persona singular y no como una masa uniforme se nos está dando el merecido lugar. El turno es nuestro y también el gusto de disfrutar de este sano hábito democrático. Deleitémonos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

 

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