Abrir las fronteras para conservar Europa.

Abrir las fronteras para conservar Europa.

lluis-foix 150 Frente a la dramática situación de los refugiados tal y como explica el  reconocido periodista LLuís Foix hay que reconocer que el desplazamiento de  personas conforma la propia cualidad de Europa. LLama a abrir más las  fronteras considerando que la pluralidad de gentes permitirá conservar un  continente cuya demografía ha bajado en los últimos años. 

Fronteras más abiertas.
La magnitud del drama que ha explotado en los Balcanes y que se amontona en las fronteras de la Unión Europea desde hace años se refleja en la cantidad de niños, jóvenes y ciudadanos maduros en plenas facultades que huyen de la guerra y la destrucción absurda que comporta. Doce millones de sirios han sido desplazados de sus tierras. Cuatro de ellos han encontrado refugio en Turquía, Líbano, Jordania y Egipto. Muchos intentan llegar a Europa con camionetas, autobuses, trenes, barcazas o a pie.

Hay muchos responsables de la inestabilidad que vive la región. Las guerras libradas en Afganistán e Iraq son parte principal del origen del problema. Pero el principal responsable de la crisis siria es el presidente Bashar el Assad, dictador, que ha preferido seguir en el poder antes de que los sirios se entregaran a una tragedia colectiva que afecta a su país y a toda la región, a Europa y al mundo entero.

Persecuciones, guerras, hambrunas, revoluciones y crisis de todo tipo han desplazado a millones de personas a lo largo del siglo XX. Asegura Henry Kamen que en los últimos tres siglos han cruzado los Pirineos más de tres millones de personas huyendo de la hostilidad o intransigencia del norte y del sur. Exilios y retornos.

Europa es el fruto de desplazamientos colectivos y de formación de identidades acumuladas que se han asentado generación tras generación. Recuerdos de infancia me evocan el paso incierto de personas por los caminos de la Catalunya ­rural en busca de seguridad, asentamiento y comida. La Guerra Civil hacía 15 años que había terminado. Tenían miedo y huían sin saber si serían acogidos en alguna parte.

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La reacción europea para afrontar la llegada masiva de refugiados, inmigrantes o asilados, el nombre da lo mismo, no es unánime. El bloque de Hungría, Eslovaquia, Polonia y Chequia es restrictivo. El caso húngaro es el más preocupante por representar la alternativa más xenófoba en nombre de los valores europeos ante la “invasión de gentes de raíces de diferentes civilizaciones”.

El primer ministro Viktor Orban está ya levantando una verja cortante como una navaja en los 170 kilómetros de frontera con Serbia. Dice que no ordenará disparar contra los que intenten saltarla. Muchas gracias. Los tres países bálticos, con una población de casi siete millones de habitantes, han aceptado acoger a poco más de setecientos refugiados.

Los políticos van haciendo reuniones y se dividen los 350.000 sirios fugitivos con una racanería notable. Es de justicia destacar la valentía y el coraje de Ángela Merkel al aceptar a 800.000 refugiados para este año dotando una partida de seis mil millones de euros para acoger a los que llegan a diario.

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Pero las imágenes de tantos ciudadanos atravesando fronteras y mares con lo puesto, habiendo dejado lo poco o mucho que tenían, ha despertado la conciencia ­cívica colectiva que se ha sobrepuesto sobre los intereses políticos inmediatos de los ­gobiernos que saben que una política ­generosa de acogida levantaría los sen­timientos xenófobos que se esconden en toda sociedad y ­recogen muchos ­votos.

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Lluís Foix
Periodista especializado en política internacional

Publicado en: La Vanguardia