Otra Europa.

Otra Europa.

Desde hace un tiempo Europa está en el ojo del huracán todo a pesar de paliar la crisis griega gracias a un acuerdo in extremis. Las cosas no están funcionando como se esperan, si bien se ha conseguido salvar los muebles – al menos de momento – en el ámbito económico es demasiada la incertidumbre generada en el actual contexto a expensas de vivir un eterno limbo ¿Hasta cuándo aguantará el euro?

Los pequeños ajustes ya no funcionan y para edificar una moneda sólida primero se requiere consensuar los fundamentos políticos de nuestra identidad común. Hablamos de alianzas unánimes y no imposiciones porque el sentido de una Unión Europea ha descarrilado en sus valores a merced de las lógicas mercantiles. El espacio comunitario paradójicamente no es el de todos, las políticas públicas se muestran endebles y problemas como la elevada tasa de desempleo y desigualdades no terminan de hallar solución.

La Europa polarizada del Norte y Sur se hace más que nunca ostensible. Hace unos años se solía decir que marchaba a dos velocidades y el objetivo era acortar distancias; ahora no se sabe si marcha a dos, o tres o cuántas más velocidades.

Como bien conocen los marineros resulta difícil navegar a una con el viento en contra, sin la hoja de ruta clara y marcando diferentes nudos.

Frente a este panorama las fugas son varias no solo a nivel institucional sino de implicación de los propios países que por primera vez como el Reino Unido con la cita de un referéndum en junio del 2016 se plantea la idoneidad de seguir o no en la UE.
Podemos pensar que es más una falta de voluntad que de mimbres considerando el enorme potencial individual de muchos de estos países.

Después de todo la crisis griega quizá era la lección que necesitamos frente a un autoconcepto idealizado que eludía las peores de las miserias con escándalos fiscales varios con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a la cabeza.

Si las crisis resultan catárticas puede que alcancemos cierto grado de iluminación para afrontar conscientemente nuestros problemas.

La esperanza viene de la mano de una Francia desaparecida en combate durante los últimos años pero que a raíz del caso Grecia ha reforzado un liderazgo inesperado pero bienvenido.

Con la noticia de que Hollande está preparando un paquete de medidas fiscales y sociales es un paso al frente para dar cabida a un nuevo proyecto de la UE. Atendiendo algunos de los puntos que se dibujan como la idea de un gobierno económico común, un Fondo Monetario Europeo, un presupuesto propio el objetivo es cerrar filas en torno a una Europa más compacta no tan influenciada por organismos externos.

Asimismo otros planteamientos como el deseo de homogeneizar los salarios mínimos en la zona euro, una unión bancaria a prueba de fugas de capitales o el impuesto de sociedades armonizado vienen a equilibrar las fuerzas entre países contemplando una mayor igualdad y justicia social.

A priori estás medidas atacan de raíz los problemas también de crédito y legitimidad que están afectando al continente.

No parece sencillo pasar de lo conocido a otro modelo diferente, pero el auge de nuevas fuerzas como Syriza en Grecia, Podemos en España o ahora el izquierdista Jeremy Corbyn que se postula como líder favorito en las encuestas del partido laborista en Inglaterra nos hablan de que crecen los pepitos grillo de una Europa ‘apinochada’ con sus mentiras.

Con la iniciativa de Francia existe la posibilidad real de acoger a otra Europa que represente a todos donde las piezas movidas por un motor reparado dejen los chirridos para por fin engranar perfectamente la maquinaria de una Europa común.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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Gente que se atreva
En Europa el cambio esta en marcha

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