Mariano Rajoy, Artur Mas…y sus ocho apellidos catalanes.

Mariano Rajoy, Artur Mas…y sus ocho apellidos catalanes.

Basado en hechos reales. La política en España se convierte en material sensible cuando reunidos en la mesa familiares y amigos no se atreven a sacar ciertos temas a sabiendas de que sus diferencias pueden romper la calma aparente.

De puertas hacía fuera nunca hubo tanta libertad de expresión, la que se nos muestra en los medios de comunicación, sin embargo la realidad delata que en no pocas circunstancias reina la autocensura.

Mientras, recriminamos a nuestros políticos que no saben dialogar y encontrar puntos en común.
Llega a las pantallas la parodia de nuestras miserias. Primero fue “Ocho apellidos vascos” y pronto vendrán los catalanes. A mediados de noviembre se espera la secuela de la película española más taquillera que ha sabido romper con los tabús de los nacionalismos gracias al arte del humor.
Llevando al extremo los estereotipos de las identidades patrias, no tanto por los chistes algunos más que evidentes sino por el planteamiento oportuno y oportunista. Su éxito radica en el grado de identificación, la impronta que resuena en un inconsciente colectivo tan necesitado de exorcizar sus problemas de encaje territorial.

Porque el humor siempre supo iluminar la verdad librándonos de los complejos. Los Rovira de hoy nos recuerdan a los Martínez Soria de antaño en su versión sofisticada, más alto y guapo pero con parecida sorna. De esos retratos costumbristas con más o menos gracejo en blanco y negro y tecnicolor, la de una España entonces Franquista que debía hacer frente a la adaptación del éxodo rural “La ciudad no es para mí”, la forzada emigración en busca de un futuro mejor “Vente para Alemania Pepe” o bondades que traería la financiación del Plan Marshall “Bienvenido, Mister Marshall”. Con argumentos en algunos casos no tan diferentes a los actuales –aceptamos Reino Unido por Alemania y rescate del Fondo europeo – el cine se convierte en proyección sociológica para inducir a la debida reflexión.

Previo al estreno de “Ocho apellidos catalanes” los políticos van calentando motores con el tráiler real de la película. Y esa mesa de cualquier casa común puede ser reflejo a pequeña escala del heterogéneo panorama estatal, un arco parlamentario cada vez más polarizado en defensa cada uno de su verdad privada.

A regañadientes Artur Mas y Oriol Junqueras se han avenido para concurrir a una candidatura única a las elecciones del 27 – S, la CUP se desmarca alegando que la única alternativa hacia la independencia era una lista única sin políticos, Unió Democràtica se desentiende totalmente de la jugada, el PSC excluye de su programa la consulta para abordar un nuevo referéndum sobre la reforma constitucional, Ciudadanos acapara el frente contra el soberanismo catalán, el PP no está y ¿se le espera? Mientras que Podemos redirige con eficacia la atención del discurso en las necesidades sociales.

El uno por el otro la casa sin barrer. Si algo claro queda claro es que Cataluña, España están formadas por múltiples sensibilidades a veces solo diferenciadas por pequeños matices pero para poder comprender todos sin que nadie se sienta excluido hay que ceder una parte de la verdad particular para consensuar el conjunto.

El sentido del humor es ese ingrediente necesario que tanto echa en falta la política y puede significar el primer paso para un mayor entendimiento. Quién sabe, quizá podamos ver a Mariano Rajoy y Artur Mas juntos y en primera fila de la sala de cine para luego salir e intercambiar un baile a medias de muñeira y sardana.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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