Todos somos griegos.

Todos somos griegos.

Ni contigo, ni sin ti. Desde que el actual primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, tomara los primeros contactos con el eurogrupo hace ya unos meses las negociaciones se han prolongado cual culebrón entre dimes y diretes.

A pesar de los evidentes obstáculos todo apunta sino hay un último descalabro que estos días están sirviendo para ver la luz al final del túnel, cuanto menos para cerrar un acuerdo de mínimos que no disguste a las partes vinculantes. Nada fácil y casi milagroso si atendemos que el baile no es de dos, la UE y el país heleno, sino de tres con la intervención del Fondo Monetario Internacional.

Lo peor o lo mejor – según se mire – que ni tan siquiera se trata de una cuestión reducida a estos participantes pues la responsabilidad para bien y mal es conjunta. Cual montaña rusa la bolsa responde a los estímulos apuntando en caso favorable de una mayor estabilidad. Sin ir más lejos ante el freno en las alertas de impago y nuevo respaldo del BCE el Ibex mostró su recuperación al alza.

En un gesto nada común hace unos días el FMI entonó parte del mea culpa reconociendo las políticas poco afortunadas en el rescate de este país “Los griegos sufren mucho por las decisiones equivocadas, tomadas no solamente por el FMI, sino también por los Gobiernos griegos anteriores y las autoridades europeas, que llevaron Grecia a un callejón sin salida” según palabras de su director ejecutivo, Paulo Nogueira Batista.

El fracaso o éxito de Grecia será el de todos representando el extremo paradigmático de lo peor que trajo la crisis pero con la también posibilidad real de salir incluso del infierno. Un camino tortuoso pero instructivo sobre errores que no debemos repetir más…y todavía debemos aprender.

El escenario en sí es paradójico, mientras que por la incertidumbre los bancos griegos sufren la salida de depósitos no es descabellado imaginar que estos tienen por destino sus países acreedores. De igual forma se cuestiona la negativa a recortes directos de algo tan fundamental como son las pensiones mientras con total descaro, se insiste en pedir menos presión a las grandes fortunas y empresas.

De todo este entramado de intereses podemos pensar que no hay santos ni diablos y que la culpabilidad se reparte en diferentes dosis. A pesar de las miserias los griegos están dispuestos a seguir su compromiso con la UE, por su parte ésta en su mayoría – aunque haya voces disidentes – también desea permanecer unida.

Estos son los gestos de solidaridad que nos honran y que al fin de cuentas representan los valores de una Europa fraterna en su génesis.

Incluso Angela Merkel se atreve a hacer comparativas de la relación de una familia que atraviesa graves dificultades pero que no se le deja en la estacada.

En Grecia se juega algo más que lo que atañe a sus 10 millones de habitantes, en este partido se juegan otras cosas que nos implican a todos los europeos y a nuestro modelo económico actual.

Porque hoy con nuestros más y nuestros menos, todos somos griegos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
La verdadera historia de la deuda griega

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