Sí se puede, pero hay que votar.

Sí se puede, pero hay que votar.

Comienza la cuenta atrás para el 24 –M, fecha señalada sobre el calendario; las elecciones municipales en España. En estos últimos días de campaña los partidos están dando lo mejor de sí con mensajes “de efecto” a sabiendas de lo mucho que se juegan pues solo hay una cosa segura, estamos frente a un momento decisivo que augura el fin del bipartidismo.

El bombardeo de sondeos que se suceden en cada municipio viene a echar más leña al fuego frente a un panorama abierto como nunca donde no existen certezas y los bailes de porcentajes mueven continuamente la balanza.

El mismo cariz de la campaña política es síntoma del contexto presente, se acabó la corporación del miedo y toman relevo la positivización de los eslóganes.

En cualquier caso y atendiendo un mapa presumiblemente polarizado los partidos saben que en buena parte su éxito radica en la capitalización del cambio cada uno adaptándolo de forma inteligente según matices a la identidad propia.

Porque ya hace un tiempo el verdadero protagonismo no lo tienen los partidos sino los ciudadanos que los hacen posible, aquellos que emprendieron la movilización por sus derechos y contra el status quo.

A fin de cuentas son ellos los que con esfuerzo y compromiso han traído la parte luminosa tras la crisis en que estamos inmersos. Y el domingo de nuevo son los que tendrán la última palabra concluyendo lo iniciado.

Sin embargo el trabajo previo necesita la confirmación inexorable del voto. A estas alturas de nada sirve, el compromiso y manifestación social, si estas buenas iniciativas no se corroboran luego en la participación ciudadana en las urnas.

Por costumbre el abstencionismo ha sido uno de los males que acusaba la desidia ciudadana. En otros tiempos tal vez justificable debido a la falta de identificación del electorado, pero ahora cuando la oferta es mayor que nunca, cuando algunos de los partidos construyen sus pilares “de abajo arriba”; no votar – sea a quién sea – es excusa.

Puede sonar a tópico pero no es menos cierto. La responsabilidad recae una vez más en el tejado del pueblo porque sin él no existiría el concepto de democracia.

En su derecho y deber de ejercer su soberanía no solo en el caso español sino en las otras muchas variables que presentan durante este año a nivel global.

Vivimos un periodo de revolución política donde las antiguas formas se están dinamitando permitiendo otras nuevas con implicación directa de la gente de la calle.

Estamos de enhorabuena, celebremos pues la gran fiesta de la democracia en su máxima expresión porque sí se puede cambiar pero para eso, ahora toca votar.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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