Dueños de la verdad, sobran.

Dueños de la verdad, sobran.

Por la puerta de atrás. La inesperada salida de Juan Carlos Monedero, una de las almas páter de Podemos en España ha quebrado la inestabilidad de un partido que hace apenas unos días vivía en plena efervescencia.

Algunos lo consideran un tropiezo pero después de todo librarse de las piedras que obstaculizan el camino es una forma sabia de avanzar.

En su caso a nadie se le escapa la mácula que supone que su fundador cometiera fraude por una asesoría fantasma al gobierno venezolano. Sin olvidar tampoco el cariz de estas relaciones – peligrosas para muchos – y estigma que Podemos continúa salvando. Lo peor es predicar sin ejemplo y al final que Monedero haya dado portazo puede que sea el mejor favor para recuperar la credibilidad sobre un mensaje de transparencia y gran baluarte.

En política, como en todo, los que queden después de que otros abandonen el barco serán más que suficientes pues para estos no habrá motivo más fuerte que el compromiso.

Y si pensamos en cualquier partido su propia esencia nos indica que no lo hacen las figuras sino las personas organizadas como colectivo.

Sobran los personalismos, las ínfulas de divo o verdades únicas. Toca arremangarse, trabajar y consensuar con un claro espíritu de servicio a los demás. Los hay también que en un exceso malinterpretado de dar adolecen de complejo mesiánico. Con promesas indefinidas, multiplicar panes y peces haría falta.

“Quiero ser candidato. Confíen en mí, les irá bien” manifestaba recientemente el actual presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy.
La leyenda del salvador – aunque rancia – sigue atrayendo a los mandamases del poder sin importar su ideología. Maduro en Venezuela, Cristina Kirchner en Argentina, Kim Jong Un en Corea del Norte, Rajoy y ahora Monedero en España, todos con más o menos intensidad o nivel de democracia, se convierten en un vicio global a combatir.

Todavía existe el mérito de colgarse las medallas para así sacar pecho y ser reverenciados. Sin embargo los nuevos tiempos nos traen una forma de hacer política muy distinta a la arcaica en vistas de conservar lo bueno pero evolucionando en conjunto, por algo dicen estamos en la era de acuario.

Los ciudadanos se unen para trabajar desde las bases y ascender para que sus propuestas sean aplicables en la política en un movimiento de abajo arriba, con diálogo, flexibilidad y ganas de construir algo nuevo.

No por ello la figura del líder debe ser anulada, al contrario hoy más que nunca cobra sentido valorando la dificultad que supone ser cuestionado y aceptarlo de buen grado, con la capacidad de gestionar pero sin imponer.

Ya no necesitamos salvadores ni dueños de la verdad porque hoy, sobran.
Solo nosotros podemos salvarnos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

Leer más:
Las nuevas caras de la política española
Obama, sí se puede
 

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