Lubitz y la banalidad del mal.

Lubitz y la banalidad del mal.

Desde que el hombre es tal cual hoy lo conocemos homo sapiens con pleno uso de conciencia ya daba muestra de su naturaleza dual en su elección entre el bien y el mal. El último y trágico accidente aéreo de Germanwings por acción homicida de su copiloto Andreas Lubitz parece encarnar en su persona la semilla del diablo.

Quizá como razón de negar la condición del ser humano también capaz de perpetrar las peores de las fechorías, aquello que la filósofa Hannah Arendt explicó como “banalidad del mal” y que todavía suscita polémica intelectual en nuestros días.

Para ella – más debido a su origen judío – lo fácil hubiera sido respaldar la corriente de pensamiento que demonizaba al teniente coronel de las SS Adolf Eichmann, en su lugar Arendt hizo uso de aquello que sí renuncio Eichmann: al espíritu crítico. Un hombre “terriblemente y temiblemente normal” con un profuso sentido del orden y rigidez de la que se había apropiado la ideología nazi, según la definición de Arendt.

Por aquello de ver la paja en el ojo ajeno, pero no ver la viga en el propio es cierto que el reconocimiento de nuestras sombras es todavía una asignatura pendiente y no obstante pensar en esto es el primer paso en el camino de la evolución como humanidad.

La buena reflexión que genera debate y crítica debe ser vista como el antídoto contra fanatismos de los que nublara Eichmann “incapaz de pensar” o ahora a los adeptos al aún mal Estado Islámico

Más allá de la maldad o locura de un individuo se trata de un fallo del sistema y la misma sociedad.

¿Cuántas horas de vuelo puede soportar una persona? ¿Cómo en su estado depresivo pudo tomar los mandos del avión? O yendo más lejos ¿Por qué las enfermedades mentales se consideran el primer problema sanitario del siglo XXI?

Toda manifestación externa es una advertencia sobre nuestra condición frente a frente y la necesidad de enmendar errores. Pues caminando sobre nuestros pasos debemos revisar las conductas que nos alejan de nuestra luminosa parte y ser capaces de comunicarnos, de expresar las emociones y de relacionarnos con empatía.

Es tiempo de socavar la tiranía de la perfección que por contra nos torna más irascibles, dejarnos simplemente ser con nuestras virtudes y también carencias soportables, en definitiva seres humanos que piensan y sienten.

Al fin y al cabo lo único urgente es disfrutar de cada instante que se nos concede y de las personas que nos hacen felices.

Tal vez no haga falta un mundo ideal para entender que asumiendo nuestras miserias  y la presencia del mal,  podemos apreciar  el milagro de la vida.

Porque pese a todo, nuestro mejor presente es éste momento.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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La tragedia aérea y un mensaje

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