Paraísos fiscales, la guarida de Alí Baba.

Paraísos fiscales, la guarida de Alí Baba.

Mientras Grecia negocia un tercer rescate en base a un nuevo plan de reformas para no perder definitivamente su navío, uno de los temas clave de la crisis de las deudas externas parece que no está ni se le espera.

Las presumibles buenas palabras del ministro de Economía y vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, solicitando a los camaradas europeos la congelación de cuentas de los ciudadanos griegos defraudadores del fisco “Si el nuevo gobierno griego se va a tomar ahora en serio la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal, entonces toda la UE debería apoyarlo de manera activa” no ha pasado – atendiendo los hechos recientes – de ser otro canto de sirena.

El cinismo de la UE roza los límites a sabiendas que hace apenas unos meses se filtraba el escándalo de evasión de impuestos con el presidente de la comisión Europea Jean-Claude Juncker bajo sospecha.

Por contra el dedo acusador se dirige a un pueblo griego que hace tiempo vive su particular odisea, a expensas de las decisiones de antiguos gobernantes y que ahora en un intento desesperado por huir del fatalismo ha precipitado el giro político de la mano de Syriza.

Nadie dijo que fuera fácil, los vientos no son favorables, pero al menos los griegos tienen la certeza de que los nuevos dirigentes se posicionan de su lado, en la defensa de sus intereses hasta las últimas consecuencias, incluso si eso conduce a la salida el euro.

El infierno de muchos significa en cambio el paraíso de pocos, o viceversa. Sin rastro de ellos los otros son tan anónimos como las cuentas que atesoran en su edén fiscal. Si no obliga o mejor dicho no les obligan no saldrán de su guarida de Ali Baba.

La desigualdad se ha convertido en caldo de cultivo para maximizar sus beneficios libre de costes mientras que la mayoría soporta el peso de una deuda ilegítima.

Faltaría repasar las lecciones que les dieron sus antepasados y filósofos atenienses que con tales insultos hoy no dudan enterrar “La ruina de un reino no está en la cobardía ni en la falta de experiencia militar de gobernantes y súbditos, sino en el abandono de las normas morales” confirmaba el célebre Platón.

En el caso de Grecia, las cifras no dejan lugar a dudas. Un total de 315.509 millones de euros de deuda, que aun habiendo disminuido el tercer trimestre del pasado año, todavía se sitúa en 176,00% del PIB.

Entre tanto el desvío a cuentas bancarias sigue siendo un “chorreo”, más de 200.000 millones de euros desde el comienzo de la crisis financiera y que tiene en sus élites los máximos responsables al ser los únicos que pueden permitirse tan maña fechoría.

Sorprende que viendo la gravedad de los hechos no se hayan tomado cartas en el asunto sino fuera por la gran influencia de estos. Por esa misma razón la posible presión de algunos aliados europeos no es suficiente más cuando el problema no radica en cuna griega sino que se vuelve común. Sin ir más lejos,  otro de los casos que acaba de dinamitar es la intervención de la Banca Privada de Andorra (BPA) a causa de blanqueo de dinero del crimen organizado.

En estos momentos en que el mal se retroalimenta de la complicidad,  se advierte el necesario arbitraje de un máximo organismo internacional de la talla de Naciones Unidas.

Si al igual que en las guerras se quebrantan los derechos humanos estas nuevas formas sibilinas en apariencia pero atroces en el fondo,  se vuelven por esa misma razón más perversas, y que por tanto no deben en ningún caso quedar impunes.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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