Crear para cambiar.

Crear para cambiar.

Cuánta razón cuando aquel que llega de nuevas es visto como una amenaza, más en la política con sus habituales recelos la situación se agrava. Por norma general el recién llegado intenta agradar, acomodarse a las reglas ya establecidas con el fin de sentirse integrado, pero ¿Qué pasa si toma una actitud diametralmente opuesta, no busca el beneplácito y además quiere saltar por los aires el status quo?.

Lo estamos viendo. Conmigo o contra mí. En varios países y ante un sistema político que ha hecho de la endogamia su modus vivendi la sola posibilidad por causas externas de que esto termine es un claro elemento desestabilizador.

Incluso en un intento desesperado por igual fuerzas no faltan los reproches “Vosotros también sois casta” sin reparos de exponer lo más bajo de su condición.

A todas parece un acto suicida por desacreditar todavía más si se puede una política que echada en fango ha perdido la presumible clase y que en el fondo olvida que su razón no se debe a ellos sino al crédito que le otorgan los votantes.

Una vez más. Mientras los ciudadanos reclaman movilización, responsabilidad y buenas acciones. Si antes se condenaba la pasividad de quien hace oídos sordos ahora es la atención mal dirigida a hundir la flota.

Entre tanto en algunos países, los ciudadanos se han cansado de juegos varios y esperan que en este año decisivo puedan decir por fin su última palabra. En este punto las presiones no parecen suficiente motivo para arrebatar esa chispa de esperanza que vislumbra la posibilidad de dar un giro al escenario donde lejos de mayorías los partidos están obligados a trabajar y llegar a puntos de encuentro.

Crear. Esa es la palabra. Porque el desmantelamiento de antiguas estructuras tras la sacudida de la corrupción y pérdida de confianza obliga a construir nuevos cimientos y generar ilusión en el pueblo.

La poderosa fuerza creativa que ha levantado brillantes monumentos y es semilla de la misma vida será capaz de dar un vuelco al contexto que hoy nos enfrenta. No obstante este cambio pasa por las nuevas aportaciones al igual que se regenera la savia del viejo árbol.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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