Decir adiós a la violencia pensando en el ciudadano

Decir adiós a la violencia pensando en el ciudadano

Poner fin a la violencia desde políticas de prevención y concienciación. Puede parecer algo opuesto pero la práctica ya nos demuestra que estrategias pacíficas de este tipo son herramientas tanto o muchísimo más poderosas para decir adiós a las armas, al vandalismo o al tráfico de drogas.

Para entender mejor estas iniciativas solamente hay que girar la mirada a las realidades dolorosas que viven muchos países de América Latina, donde el término “violencia” pasó hace varias décadas a poseer una carga semántica, que lo convertiría en una auténtica epidemia nacional.

Pese a ello y haciendo frente a gran número de críticas, algunos gobernantes locales decidieron innovar y concienciar a los ciudadanos de una manera positiva frente al tráfico de drogas, frente a la corrupción o frente a la trata de personas en barrios marginales.

Uno de los pioneros, alcalde de la ciudad colombiana de Cali, activó a principios de los noventa la política de “Epidemología de la Violencia”. Rodrigo Guerrero pensó que a través del bien resulta mucho más efectivo combatir la desarmonía social y los enfrentamientos en las barriadas.

Mejoró las infraestructuras públicas, prohibió la venta y el consumo de alcohol a partir de determinadas horas y consiguió con ello que las localidades colindantes se sumaran a este positivo proyecto. Además, la tasa de homicidios –con índices altísimos en esta zona de Latinoamérica- se vio notablemente reducida.

Junto a Rodrigo Guerrero, se puede resaltar la iniciativa del Instituto Universitario en Paz, Democracia y Seguridad, con sede en Tegucigalpa, Honduras, y el cual ha llevado a cabo la creación del Observatorio de la Violencia en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Organismo que monitorea todas las muertes y otros sucesos acaecidos en distintos puntos del país y que no han sido causados de manera natural. De esta forma, los delitos con móvil sexual, las agresiones domésticas a mujeres y niños, y otro tipo de sucesos que escapan a los seguimientos gubernamentales pueden ser conocidos y tenidos en cuenta por las autoridades.

Así el control es mayor y la violencia lógicamente disminuye. Una prueba más de que el apoyo altruista, sumado a una manera diferente de ver las cosas, da como resultado una eficaz forma de combatir el mal, la violencia con todas sus caras, y la instauración de una sociedad más justa y un ciudadano más feliz.

A.Teles
Redacción

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