La Europa que nos une.

La Europa que nos une.

De forma inexorable Europa se mueve hacía el cambio. Pese a las reticencias de las viejas estructuras, el surgimiento de nuevas fuerzas que los ciudadanos están llevando en volandas parece un motivo más fuerte para romper el status quo.

Grecia con la previsible – según las encuestas – victoria de Syriza promete no quedarse en anécdota. Desde hace tiempo, y en vista del inmovilismo en cuestiones fundamentales, se podía entrever un panorama como el actual.

Incluso hace unos días el nuevo gurú económico y de la desigualdad, Thomas Piketty, advertía a Francia y en especial a Alemania la necesidad de escuchar los cambios que se están produciendo.

Porque tal y como apunta uno de los problemas fundamentales, entre otros, es la falta de comunicación entre países. Mientras que países como el heleno se ahoga en una deuda para muchos ilegítima soportada a duras penas por un pueblo, los máximos líderes europeos prefieren mirar a otro lado.

Más allá de lo económico existe un sentimiento de dolor al comprobar la falta de voluntad a la hora de negociar unas condiciones más favorables que permitan respirar. Por contra los griegos han hecho acopio de esfuerzo para seguir las directrices sin obtener resultados. Samaras es el último intento convencional que no ha cubierto las expectativas ni dejado soluciones eficientes.

Con poco ya que perder este giro de 180 grados en el panorama político se antoja cuanto menos esperanzador.

No solo Grecia sino otros países del sur de Europa contemplan otras alternativas políticas de cariz progresista que permitan equilibrar fuerzas y actuar a modo de grupo de presión sobre reglas dispares.

Sus reivindicaciones son sencillas a la par que honestas pues el deseo compartido es reformular una Europa más equilibrada y justa donde no existan países de primera, segunda o incluso tercera sino que todos puedan jugar en la misma liga y en sana competitividad.

Lejos de patrones viciados quizá el aspecto más positivo de estas formaciones aún sin saberse a ciencia cierta el resultado es que integran en su filosofía el consejo y asesoramiento de expertos y economistas contemporáneos entendiendo un contexto ávido de intercambios.

A sabiendas de que nadie tiene una varita mágica las soluciones vienen en el momento en que las mentes superan los dogmas y en su lugar dialogan, se atreven y unen por un mismo objetivo.

El continente y más en estos días, no necesita más cortapisas sino la empatía y solidaridad de sus pueblos para hacernos grandes.

Por algo hay más razones que nos unen que las que nos separan.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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