Cambio climático, lecciones de los Incas

Cambio climático, lecciones de los Incas

Este reportaje de Rodrigo de Oliveira Andrade, muestra cómo evalúan los investigadores los efectos del cambio climático y ayudan a la población local a adaptarse:

Mientras las negociaciones en la 20ª Conferencia sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP20) avanzaban lentamente en Lima, Perú, en diciembre, aproveché para viajar al Valle Sagrado de los Incas en Cusco, la capital del imperio incaico en los siglos XV y XVI. Quería ver cómo está afectando el cambio climático a los Andes peruanos.

Mi primera parada fue en Moray, un sitio arqueológico que se encuentra a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar. Moray acoge lo que pudo haber sido un centro de investigación agrícola en la época de los incas. Los expertos creen que el área de terrazas concéntricas se usó para experimentar el cultivo de especies de diferentes plantas silvestres a diversas alturas. De esta manera, los Incas pudieron averiguar qué plantas crecerían mejor a diferentes altitudes y temperaturas.

Los investigadores del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) han observado que los glaciares de la Cordillera han perdido casi un cuarto de su volumen en las últimas décadas.

En Moray, pregunté a Harol Miguel Alagón, mi guía de SERNANP, que está causando que los glaciares se derritan.

Me explica que las causas siguen siendo inciertas, pero que hay indicios de que el clima de la región ha cambiado, lo que ha provocado, por ejemplo, el calentamiento anormal de la superficie del océano Pacífico en su vertiente oriental tropical, fenómeno conocido como El Niño. “La temperatura media en los Andes se elevó 0,8 grados a lo largo del siglo pasado y en los últimos 40 años ha habido un aumento en la frecuencia e intensidad del fenómeno de El Niño”, dice Alagón.

El retroceso de los glaciares andinos probablemente se verá reflejado en los glaciares tropicales de todo el mundo si las temperaturas atmosféricas siguen aumentando a la tasa observada en las últimas décadas.

Los ríos andinos son alimentados en gran parte por las aguas del deshielo de los glaciares. En el viaje de cuatro horas a la ciudad inca de Machu Picchu conversé con Alagón sobre cómo el retroceso de los glaciares afectará la vida de la población local. “La mayoría de estos glaciares son pequeños, de menos de dos kilómetros cuadrados”, explica. “Sin embargo, proporcionan la mayor parte del agua que se utiliza para sostener la agricultura, abastecer a las ciudades andinas —sobre todo en otoño e invierno, la época más seca del año— y producir electricidad”, señala.

La reducción de los glaciares podría causar conflictos locales a medida que el volumen del río disminuya.

En las estribaciones de los Andes, donde comienza la llanura amazónica, los investigadores de la Estación Biológica de Villa Carmen —ubicada al norte de Cusco, a cargo de la ONG Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA)— están ayudando a la población local a adaptarse al cambio climático desarrollando una técnica para producir biocarbón, una forma de carbón vegetal usado como fertilizante.

Para hacer el biocarbón, se quema el bambú en un horno aproximadamente a 800 grados Celsius mientras se limita el suministro de oxígeno

En Latinoamérica, la tala de bosques para la agricultura contribuye a la intensificación del cambio climático. Los investigadores de Villa Carmen me aseguran que esta práctica está alterando el microclima y el ciclo del agua en esta región del Perú.

Los principales impulsores de la pérdida de bosques siguen siendo la explotación forestal y la ganadería. La deforestación en la Amazonía peruana se incrementó significativamente en 2013. Cerca de 145.000 hectáreas de selva fueron taladas el año pasado en comparación con un promedio de 113.000 hectáreas por año desde 2001.

Los bosques de neblina son bosques siempre verdes en las montañas, con frecuencia envueltos en niebla y nubes. Con esto en mente, nos pusimos en marcha para subir 3.000 metros hasta los bosques de niebla de la Estación Biológica de Wayqecha —también a cargo de la ACCA—, cerca a la región del Cusco.

Para restaurar las áreas degradadas de los bosques de niebla se cultivan árboles locales y otras plantas. Conversé con Carlos Manuel Zariquiey, coordinador científico de las estaciones de Wayqecha y Villa Carmen sobre los esfuerzos para reforestar las áreas degradadas del bosque de niebla.

“Replantamos especies de plantas locales y árboles”, dice. “Hemos elegido especies locales porque no causan ningún tipo de estrés al suelo y crecen más fácilmente”.

Poco a poco las predicciones se van cumpliendo, pero todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas.

Robert Blasi
Redacción

Leer más:
Cumbre contra el cambio climático en Lima

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