Ni un golpe más.

Ni un golpe más.

Cada golpe que recibe una mujer, es el golpe de vergüenza a las sociedades avanzadas. A pesar de los progresos en igualdad y justicia todavía se necesitan dar más pasos para ver una violencia de género por fin erradicada. Mientras que un gobierno no lo considere máxima prioridad – aún cuando ciertos países desarrollados en el mundo han superado la barrera de lo doméstico para considerarlo una cuestión de interés público – será todavía una causa por la que luchar, una cuestión irresoluta.

Los últimos años han traído de la mano de los medios de comunicación su visibilidad a la esfera pública, pero este es solo un eslabón de conciencia para romper siglos de antigüedad, labor que se requiere conjunta.

Su naturaleza profunda en la que confluyen múltiples factores lo convierte en un problema difícil de abordar. No responde únicamente al sexismo sino como se constata en países tan igualitarios como los nórdicos detrás del maltrato puede existir también un consumo excesivo de ciertas sustancias.

De vuelta de todo, frente a una sociedad un tanto viciada, subyace la idea de transmitir una vida más saludable, mental y física. Lo suficientemente inteligente para contradecir estereotipos de género enraizados en el costumbrismo que actúan como espejos donde proyectarse “No se nace mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio…” argumentaba la filósofa francesa Simone de Beauvoir.

Debe asumir la responsabilidad el gobierno y administración, pero sin eludir – más cuando hablamos de prevención – las instituciones, educación, sectores culturales y seno familiar que a partir de sus conductas modelan la identidad de los hombres y mujeres del futuro.

Cuando un Marlon Brando sudoroso al grito de ¡Stella! evidenciaba sus credenciales como marido dominante no desdeñaba la ocasión para invitarnos a “Un tranvía llamado deseo”. Antecedente de modelo macho alfa que llega a nuestros días con la aceptación revestida en sofisticada sexualidad, ese Christian Grey capaz de todo y más.

A partir de las formas más sutiles lo preocupante es transferir estos roles a la vida cotidiana. Hacen falta cambios en la masculinidad, sin complejos de abrigar la sensibilidad como propia, pero también las mujeres a la hora de trasponer valores. La autoestima, asertividad, empatía y saber decir no son valores esenciales que padres y educadores pueden inculcar como forma de empoderar a un individuo tal cual plantean los talleres de educación no sexista que ya se imparten.

Atendiendo que la violencia de género es un quebrantamiento de los derechos humanos y que nos afecta a todos sin distinción geográfica o cultural, su lucha nunca debería ser aislada.

En unos momentos en que el debate y compromiso social alcanza altas cotas a nivel global sobre temas como el medioambiente o infancia, este no se trata de un menor.

Sin duda el hecho que distintas marcas de moda y celebrities también se sumen en las últimas semanas en una campaña global incrementa las opciones que esto ocurra en un futuro no demasiado lejano, la posibilidad de establecer un gran pacto a nivel mundial.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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