¡Bendito Papa!

¡Bendito Papa!

Por su extraña habilidad de mostrarse presente allí donde los problemas del mundo afligen bien podría considerarse tan omnipresente como el Dios de la religión que representa. En un año enmarañado por múltiples causas, en cambio el Papa Francisco I ha estado en todo y no como forma divina, sino a través de actos y palabras.

Lejos de esfumarse la estela de su primer año se ha visto magnificada en este segundo lapso de un singular pontificado que cuenta sus gestos por victorias, que son las de todos.

La reciente reanudación diplomática entre EE.UU y Cuba donde Francisco I ha resultado pieza clave de su desenlace exitoso es otra evidencia de un modo de hacer muy apegado a la realidad “estamos todos muy contentos porque hemos visto cómo dos pueblos, que se habían alejado durante años, han dado un paso para acercarse” expresó con júbilo el líder de la religión católica.

Sin embargo su figura – y esto es uno de sus máximos logros –no se asocia únicamente a una doctrina, todo lo contrario se percibe más allá de las creencias como un manto protector de los asuntos que nos ocupan sin distinciones.

No en vano hemos comprobado el notorio acercamiento a sus homólogos del resto de confesiones subrayando los aspectos que nos unen en vez de las diferencias.

Míticas son ya aquellas imágenes durante su viaje a Tierra Santa frente al muro de las lamentaciones y el rezo conjunto al rabino Abraham Skorka y líder musulmán, Omar Abboud, como si de un abrazo entre religiones se tratara.

Porque si la credibilidad se mide por los hechos no ha cejado en su empeño de acercar posturas entre israelíes y palestinos, instando incluso al encuentro físico entre el presidente de Israel Simon Peres y su equivalente palestino, Abu Mazen.

Un papel el de mediador que le sienta al pontífice como anillo al dedo y que ha traído consigo resultados enormemente positivos: el acercamiento del pueblo a una Curia vaticana más perdida de lo habitual en los últimos tiempos o el reconocimiento internacional a los esfuerzos diplomáticos, entre otras razones.

Jorge Mario Bergoglio, el hombre que desde su humildad, nos ha traído la luz a las tinieblas hasta los rincones más oscuros de nuestro mundo terrenal.

Ciertamente muy por encima en algunos casos de los políticos que nos representan, sus discursos se han revelado como el azote moral e intelectual a las barbaries cometidas: el capitalismo feroz como el nuevo becerro de oro o la falta de solidaridad, y por ende soledad de Europa. Así su voz llegó hasta el mismo Parlamento Europeo.

Pero primer señalando en forma de autocrítica muchos de los temas que infectaban las mismas vertebras de la Curia, los escándalos sobre pederastia o propia corrupción que Francisco ha hecho frente con valentía y reforma.

En estos días de fechas navideñas de buenos deseos y también regalos y donde en algunos países se suceden sorteos y loterías podemos pensar que con el Papa nos tocó el mejor premio posible.

Su carácter incombustible a buen seguro nos deparará en los próximos meses nuevas sorpresas ¡Bendito Papa!

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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