Rebelión en la granja.

Rebelión en la granja.

Los mismos perros con distinto collar. Aquella fábula satírica de George Orwell “Rebelión en la granja” (1945) – que luego se hiciera dibujos animados –lejos de su apariencia inocente encerraba en estilo alegórico una crítica velada sobre la corrupción en el poder y perversión de la condición humana. Entonces el escritor británico quiso encajarla bajo el contexto de la Revolución Rusa hasta el estalinismo pero su argumento no se hubiera equivocado de transponerse al momento actual.

Si en ocasiones se indica como una suerte de fatalismo la historia cíclica quizá es tiempo de romper el círculo variando en lo que nos atañe, es decir la conducta humana.

Hoy al igual que ayer buena parte de ciudadanos aspiran a cumplir su sueño de libertad donde todos seamos iguales y reconocidos por los mismos derechos. Mientras, en la sombra unos pocos aunque poderosos conspiran por perpetrar su yugo.

Durante un tiempo, cuando los desfavorecidos eran menos parecía un mal soportable pero en el instante que tanto clase media como trabajadora han formado parte de esta componenda su tiro les ha salido por la culata.

La sociedad va en serio como así su respuesta, primero en forma de manifestación y creación de movimientos sociales, luego en las urnas y de nuevo en los sondeos. Se creía imposible pero por primera vez la era de las mayorías estables para el centro-derecha y centro-izquierda se tambalea.

Existen razones – muchas casposas para vergüenza política  – que en detrimento de la casta o el establishment la gente de a pie confíe su voto a quien está dispuesto a quitar las malas hierbas. Sin duda ha contribuido inestimablemente que nuestros políticos de siempre hayan olvidado su función natural de bien representar a sus ciudadanos, en cambio más ocupados en defender incluso pelear sus intereses cuál gallo de corral.

La corrupción, el fraude y falta de integridad moral no son valores distintivos de una sociedad que ha demostrado paradójicamente unirse frente a la adversidad con un espíritu comprometido digno de mención.

Tal es la distancia de unos a otros que nos sitúa en las antípodas. No es raro pues que en busca de calor y  ser escuchados se contemplen otras opciones que aun sin estar claramente definidas la sola oportunidad de cambio gane a las dudas. No es tanto el nombre sino la causa: ideales que devuelven la fe.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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