El poder de las ciudades.

El poder de las ciudades.

Las ciudades de hoy se encuentran años luz de sus orígenes allá por el 5.000 a. C. Basta analizar las propuestas que se presentan estos días en el congreso Barcelona Smart Cities para darse cuenta que tal grado de evolución es solo un anticipo de lo que nos espera.

Más de 400 urbes, 232 empresas, más de 50 alcaldes de todo el mundo…. quieren conocer de cerca las últimas tendencias que harán de su ciudad la más inteligente.

Lejos de aquella “Metrópolis” (1927) inmensa pero opresiva que proyectó el cineasta Fritz Langa, las ciudades contemporáneas aspiran pese a todo a convertirse en un espacio integrador. Aún cuando la tecnología gana peso no lo hace como fin sino medio de una razón mayor: la humana.

Optimizar la eficiencia energética, gestión de recursos, mejoras en cuanto a movilidad e interconexión territorial son algunas de las consecuencias positivas que devienen de la innovación, progreso e irrupción de internet.

Una inteligencia que no se mide únicamente en términos cuantitativos sino que alberga esa parte emocional cuando hablamos de consciencia sobre el entorno al advertir sus carencias para darles solución. Por algo en un recorrido a través de las múltiples iniciativas de varias ciudades la sostenibilidad y reducción de la contaminación centran buena parte de sus proyectos.

Debido al creciente éxodo del pueblo a la ciudad en búsqueda de oportunidades no hace falta decir que en las urbes es donde se cuece todo lo trascendente como una ventana abierta al mundo y centro indiscutible de poder.

Los ciudadanos que ocupan sus calles han arropado al calor del asfalto nuevos movimientos como la primavera árabe o el 15-M constituyendo luego una base ideológica de partidos como Guanyem Barcelona, Ganemos Madrid  o Podemos en el caso de España.

Plaza Mayor, Tahrir, Plaza de Mayo, Catalunya, de la Liberación…distintos nombres con un mismo sentir. Plazas que representan a nivel global ese escenario amigo para dar rienda suelta en su libre expresión a todo tipo de emociones, esto incluye si es preciso reunirse en manifestación, clamar por nuestros derechos y tomar las plazas cual bastilla particular.

Tiene sentido que en los lugares con mayor densidad de población se atraiga más capital, innovación e intercambio de ideas, la gente se muestre más sociable y predisponga a colaborar.

Un auténtico hervidero donde las mentes unen ambos hemisferios creativo y lógico con la ambición de poner en práctica lo más vanguardista.

Destacando la jerarquía de las urbes no hay por qué olvidar el vital papel que desempeñan pueblos y aldeas gracias a su actividad y materias primas. Ejemplifican el trabajo, esfuerzo y el placer de las pequeñas cosas, una vida lenta que los cosmopolitas todavía debemos aprender.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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